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Enron


Enviado por   •  18 de Mayo de 2015  •  Informes  •  1.299 Palabras (6 Páginas)  •  175 Visitas

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Enron, o el caso de un mal gobierno corporativo Tomás Garicano. Profesor del Instituto de Empresa de España

La quiebra de Enron, conocida por todos, no es, desgraciadamente, un hecho aislado. Existen casos de escándalos previos como Sunbeam, Waste Management o Global Crossing. Además, algunas empresas de las que nadie hubiera sospechado algo, como General Electric, Tyco, Cendant o AOL Time Warner, se encuentran en observación por sus discutibles prácticas contables.

Pero no sólo ocurre eso en Estados Unidos. En Rusia, parece que Gazprom, una de las empresas del sector de la energía más importantes del país, tiene problemas parecidos. En Europa, las empresas que han pagado fuertes sumas de dinero por las licencias de telefonía 3G, sufren presiones para sanear sus cuentas. Y qué decir de España. Las razones por las que se ha llegado a esa situación son variadas: la pérdida de vigencia de principios en los que se basaba el funcionamiento de los mercados, tales como transparencia, confianza, claridad, integridad, prudencia; la existencia en muchas empresas de una cultura orientada a maximizar la rentabilidad a corto plazo, obsesionada por los resultados trimestrales y que favorece una política relajada con respecto a los principios financieros y contables más elementales; la excesiva psicosis por los beneficios después de impuestos y la casi nula atención al flujo de caja libre; la existencia de legislaciones permisivas que consienten situaciones tan increíbles como que se creen sociedades que no consolidan con la dominante por el simple hecho de que alguien posea al menos un tres por ciento de ellas –las famosas special purpose entities– o que el patrimonio de los fondos de pensiones de los empleados se pueda invertir exclusivamente en acciones de la propia empresa; la inexistencia de principios contables claros y universalmente aceptados; la ignorancia de principios de gestión empresarial básicos, como que no se puede ganar dinero comprándote o vendiéndote a ti mismo o que es difícil ganar dinero en negocios que no entiendes –recordemos la complejidad de las operaciones de Enron, con la profusa utilización de instrumentos financieros derivados–; el comportamiento de analistas y bancos de inversión y sus conocidos conflictos de intereses. Las razones mencionadas en el párrafo anterior no incluyen las dos que, en mi opinión, son más determinantes. Por un lado, la falta de diligencia y de lealtad de directivos y administradores. Por otro, el comportamiento del auditor. Ambas razones podríamos englobarlas en un concepto que creo que tiene una enorme fuerza y que va a ser básico en el futuro: un gobierno corporativo que responda a determinadas pautas. Un consejo de administración que sea consciente de que su principal objetivo es defender los intereses de sus accionistas y que su función principal es controlar y supervisar la labor de la dirección. Las pautas generales del buen gobierno corporativo son conocidas por todos:

orientación del consejo hacia la creación de valor, consejos de administración más reducidos, consejos con más consejeros externos que internos y con fuerte presencia de independientes, directivos que no controlen el consejo y que no concentren en sus manos excesivo poder –que el máximo directivo no sea al mismo tiempo presidente, por ejemplo–, existencia de comisiones, información adecuada en tiempo y contenido, reuniones periódicas, códigos de conducta con una definición clara de los deberes fiduciarios de los administradores, limitación de los honorarios, limitaciones en términos de edad, etcétera. Cumplir con lo anterior es fácil de decir y difícil de hacer. De hecho, si le preguntamos a Enron, seguro que dicen que cumplían con las líneas generales del buen gobierno corporativo. En España, a raíz de las recomendaciones del Informe Olivencia, muchas empresas pusieron en marcha reformas: hoy día, casi todos dicen que cumplen con esas recomendaciones. ¿Qué es lo que ocurre entonces? Ocurre que la mayoría cumple cosméticamente. En el caso Enron, en concreto, se ha producido un comportamiento poco diligente y desleal del consejo en su conjunto y un comportamiento particularmente desastroso de la comisión de auditoría. Comisión auditora Centrémonos en este último aspecto.

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