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Hoy me regalaron un bombón de chocolate blanco. El gesto me hizo el día, pero de quién lo recibí es el problema


Enviado por   •  4 de Mayo de 2017  •  Biografías  •  600 Palabras (3 Páginas)  •  22 Visitas

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Hoy me regalaron un bombón de chocolate blanco. El gesto me hizo el día, pero de quién lo recibí es el problema.

Johan, tan idiota y amable. Tan pendejo y agradable.

¿Qué será lo que no funcionó? ¿Tú o yo? Quizá fuimos los dos, tan novatos en el ámbito del amor. Pero me gustaste, me gustaste como nadie más lo hizo. Y me duele pensar que ese gesto tan brusco fue por amabilidad. ¿Acaso existe aún esperanza para nosotros?

Fui soberbia, lo admito. Creí que porque era yo, todo iría viento en popa. Pero las cosas no fueron y no serán así. Me tomé mi propia calma, pero me apresuré por los atolondrados sentimientos que me embargaban y esa calma que prometí, se desbordó.

 Me gustaba mirarte por la ventana y ver tu nuca, tu espalda, cualquier cosa que viniera de ti. Me gustaba hasta tu ridícula risa. Es extraño pensar que alguien te guste entero enterito. Sus mañas, sus alegrías, sus tonteras y en momentos serios.

Hoy hablo en pasado, pero quizá mañana vuelva a hablar en presente. Me gustas. Pero no estoy segura si existe esperanza para mí de nuevo.

Estoy desesperada, qué quieres que haga. No soy una buena persona, tampoco alguien admirable. Tampoco tengo excusa, ni palabras. Éstas últimas son mis peores enemigas. Si no eres claro puedes interpretar cualquier cosa, y no soy alguien que sea especialista en palabras, ¿verdad? Soy demasiado ambigua algunas veces.

Soy un ser amorfo y oscuro que quiere encontrarse y de pasada encontrar a alguien que lo valore. Quizá me equivoque contigo, pero no por eso lo dejaré de intentar.

Es gracioso, ¿no crees? Al principio se nota mi resignación, qué todo acabó ya. Pero luego una especie de falsa esperanza se apodera de mí. No sé qué me sucedió, ¿habrá sido el efecto del bombón? Sea cual sea la razón, me gusta pensar que existe esperanza, pues, es lo último que se pierde ¿no?

Siento que existen dos yo en mi propio ser. Uno grita muy enojado y tajante que esto se acabó, que no debería meter el puto dedo en yaga, que jamás hubo esperanza. Pero yo, quién escribe esto, no deja de pensar y pensar de que aún no se acaba.

Sé que alguna vez sentiste algo por mí, y yo fui estúpida. ¿Cómo pude rechazar el agarre de tu mano? O cuando te recostaste en mi regazo, tan estúpida como para no acariciarlo. Me arrepiento de muchas cosas, Johan, pero de lo que jamás me arrepentiré fue de quererte de una forma pura y casta, como le dije a mi entrenador. Bueno, es broma. Te desee de una manera loca. Sentir el calor de tu piel a través de mis sentidos. Que tu olor se impregnase en mí como la grasa se adhiere a la ropa. Entre otras cosas.

Escribo esto con un propósito; y no es para que se te entibie el corazón y me vuelvas a querer (bueno quizás un poquito) sino que necesito decirte esto de alguna forma (y ha sido ingeniosa, ¿no?) Cuando escribo puedo ser yo, pero amplificado. Puedo ser franca y pensar con detenimiento cada detalle. Puedo ser cuidadosa con lo que quiero decir, sin dañar mi propio propósito.

Hay una última cosa. Todos me dicen cosas, cosas que jamás creeré porque no soy así. Si hay que creer algo, quiero que venga de ti, sinceramente y mirándome a los ojos. La honestidad, amigo mío, es algo que todos deberías apreciar y respetar.

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