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Obra Ai Wei Wei


Enviado por   •  12 de Julio de 2012  •  1.621 Palabras (7 Páginas)  •  537 Visitas

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Ai Weiwei es uno de esos artistas que lograron catapultarse en el mundo del arte mediante su activismo político. El mundo ha visto varios así. Pero Ai es especial: es de China. Perfil del artista que ha sido condenado por el gobierno chino a pagar una multa multimillonaria por presunta evasión fiscal.

Sus palabras, sus acciones y sus obras van directo contra el gobierno que dirige los destinos de su país. Constituyen dardos que apuntan a romper el globo de armonía que lleva inflando el Partido Comunista Chino en sus 62 años de gobierno.

La fama de Ai Weiwei había alcanzado unos niveles tan altos, especialmente en el extranjero, que nunca se pensó que el gobierno pudiera hacer algo para callarlo. Pero este año, ante la perspectiva de un posible contagio de la primavera árabe y de sus protestas contra el autoritarismo, el artista fue detenido durante una redada a activistas, abogados y defensores de derechos humanos. Durante 81 días no se supo nada de él.

Después de eso, su fama realmente se catapultó. Gobiernos, instituciones oficiales, representantes del mundo del arte y miles de ciudadanos del mundo reclamaban su libertad. Su cuenta de Twitter pasó de tener 70.000 seguidores a 106.368 durante sus tres meses de cautiverio. Ante la incomprensión del sistema legal chino, abundaron los titulares que anunciaban: “Ai Weiwei desaparecido”. El mundo finalmente había encontrado la prueba tangible de que China tiene un gobierno represivo. Pero como siempre, Pekín fue rápida en responder, alegando que el artista era investigado por “crímenes económicos”.

La movida del gobierno chino, extrema y errónea para muchos, logró que Ai Weiwei se posicionara a nivel internacional. Además de integrar la prestigiosa lista de las 100 personas más influyentes compilada anualmente por la revista Time, la revista británica ArtReview lo designó el artista más poderoso del mundo. El año pasado había ocupado el puesto 13.

La noticia pasó en blanco en China. Casi ningún medio chino replicó la distinción. Era de esperarse: muy pocos en China conocen a Ai Weiwei, y los medios y autoridades se esfuerzan en que su nombre se difunda.

Del arte a la política

A pesar de todos los honores y reconocimientos, Ai Weiwei es aún una persona desconocida en China. La bulla que generó su detención logró filtrarse poco dentro de China continental. A nivel local, la figura de Ai como detractor ha sido más fuerte que la de artista. Su choque constante con el gobierno ha impedido que su trabajo sea considerado como arte y, por lo tanto, que sea admirado bajo el aura de la subjetividad. Y aunque en China existen otros artistas de alto calibre político, el hecho de que Ai superara las barreras artísticas para “actuar” como activista fue razón suficiente para que entrara en la lista negra del gobierno.

Ai comenzó su carrera como estudiante de cine en la Academia de Cine de Pekín. Allí pudo codearse con los que hoy son los grandes representantes del séptimo arte en China, como Zhang Yimou o Chen Kaige, y con otros artistas de la talla de Wang Keping, con el que junto a otros artistas formaría el primer grupo de arte político en China, “Stars”.

La presión oficial y la desazón de libertad lo llevaron a emigrar en 1981 y sin un futuro claro a Estados Unidos. En Nueva York intentó estudiar arte, pero rápidamente lo abandonó al negarse a estudiar las materias teóricas. Luego, se inició allí como artista en el barrio del East Village, apadrinado por el galerista Ethan Cohen, quizá el primer extranjero en encontrar una fascinación en la unión de su nacionalidad y su mentalidad crítica.

Diez años después, Ai regresaría a China. Sus antiguas amistades y relaciones familiares le permitieron montar su propio estudio y poner a producir artística y económicamente sus experiencias americanas. De crear obras modernas, como un zapato cortado por la mitad exhibido en Nueva York, pasó a pensar el arte como un mecanismo de exploración y de cuestionamiento de la sociedad en la China en apertura con la que se encontró.

Desde ese momento definió un elemento que se puede rastrear en muchas de sus obras: Ai busca crear una situación molesta y paradójica que cuestiona la realidad. Mediante el uso de objetos comunes, valorizados por el paso del tiempo, cuestiona la eternidad y el simbolismo que las cosas nos transmiten. Y esto adquiere un peso inmenso en un país con más de 4.000 años de cultura y con un fuerte deseo de destrucción ligado al afán por reconstruir y modernizar.

Durante un performance en el Museo de Oregon, en Estados Unidos, recolectó cientos de jarras y jarrones antiguos chinos –algunos de la era neolítica-, los pintó con colores chillones y logos de Coca Cola. Luego, uno a uno, los fue dejando caer al piso. La China milenaria chocó con la modernidad, y esto terminó por destruirlo. Para la exposición Documenta

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