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La Guerra De Los Mundos


Enviado por   •  24 de Junio de 2011  •  3.295 Palabras (14 Páginas)  •  4.112 Visitas

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Introduccion

En este ensayo se relata la invacion de seres con mentes mas desarrolladas a la nuestra, que invadieron Inglaterra, paando ciudad por ciudad, hasta acabar con todo, pues eran gigantes monstruos metálicos que exterminaban con todo lo que había a su paso, con una arma que tenia la forma de un tubo del cual salía un raro calórico muy poderoso que acabava con todo lo que abia a su paso.

El ejercito de Ingleterra trato de aserles frente pero no pudieron resistir tanto, ya que ellos posein armas mas poderosas a la que utilizaban los extraterrestres.

El terror que sentía la gente a causa de estos seres era muy grande pues, toda le gente que abia en esas ciudades al oir de ellos quedaba paralizada por el miedo, que sentían , pues nosabian como exterminarlos.

La Guerra de los Mundos

Un escritor es quien describe toda la historia, la historia que vivió, que se hace llamar Guerra de los Mundos pero que en realidad es la historia de una conquista y de la aniquilación donde esta vez la víctima es el hombre, el ser acostumbrado a dominar el mundo y todas las criaturas que viven el él.

Viendo a través de un telescopio en el planeta en cuestión se vislumbra una luz, algo parecido a un cañonazo. El narrador trata de hacer caso omiso… un cañonazo del planeta Marte.

Contrario a todas las expectaciones que tenemos en la Tierra, Marte esta habitado y no por personas amables o por criaturas inferiores. Como muchos humanos piensan, el agua es un recurso necesario para estos seres, quienes, con envidia, trazaban planes para apropiarse de nuestro planeta ante la inminente falta de agua que existe en el suyo, estos marcianos son seres hostiles que nos ven como nosotros viéramos a microbios en un microscopio, mientras en la Tierra continuamos haciendo más caso a nuestros pequeños problemas, sintiéndonos seguros de que nada externo podría acercarse a nosotros.

Al observar nuevamente al planeta Marte, el narrador observa de nuevo un cañonazo, no podía ser su imaginación.

Un meteorito cae en las Llanadas de Horsell. Con asombro, Ogilvy, un reconocido astrónomo, descubrió que no se trataba de un meteorito sino de un cilindro de un diámetro de 50 metros. Su hallazgo lo hace saber a Henderson, un periodista. Descubren que del cilindro provienen sonidos débiles, tal vez serian de una persona atrapada ahí dentro, pensaron los ingenuos personajes, e intentaron tranquilizar por medio de gritos a este misterioso extraño que se encontraba dentro del cilindro. Desde ese cilindro probablemente se escuchaban rasguños y algunos débiles sonidos; al igual que lo que por fuera del cilindro eran para Ogilvy y Henderson débiles sonidos, por dentro era un incesable trabajo pesado.

Ogilvy y Henderson buscaron ayuda y al otro día, la caída del cilindro en la Llanada de Horsell era toda una novedad, lo llamaban “Hombre muerto de Marte”. Habían mandado un telegrama a Londres para hacerlos saber de la situación. Todas las personas trataban de desenroscar la tapa del cilindro pero era inútil, parecía estar sellada herméticamente. Muchos curiosos merodeaban cada día sobre ese extraño cilindro que se encontraba en Horsell. Titulares de diarios describían a esta zona como milagrosa. Había muchos problemas por las excavaciones que se estaban haciendo, ya que había mucha gente y eso dificultaba la tarea. Ogilvy, junto con Stent, un periodista científico del Royal Astronomer pidieron a Hilto, que era el gobernante de esa zona, que mejorase esa situación.

Al día siguiente va Stent con el protagonista. De pronto se oye a un niño gritar que el cilindro se abría. Después de algunas caídas repentinas de gente que no volvió a salir del cráter, el protagonista ayuda a Ogilvy a salir del cilindro; se podía observar que del interior del cilindro salió una especie de tentáculo de un ser horrible con cabeza redonda, cara aplastada y ojos oscuros. El protagonista huye y se queda junto a un hombre que lo hacía sentir un poco más tranquilo. La gente se hallaba escondida entre matorrales observando el objeto. No ocurría nada. Llegó gente del pueblo que se incorporó al grupo. Algunos de ellos, incluyendo a Ogilvy y Henderson, alzando una bandera blanca se acercaron para dialogar con los seres. Sin embargo, el horror se acercaba. Surgieron unos rayos invisibles que quemaban todo lo presente. La gente ardía, y el protagonista temblaba por el terror de la situación. Por suerte o por desgracia, la radiación paro antes de acabar con él, pero se encontraba solo, a oscuras, y se escondió. La criatura no era un humano, era una especie de pulpo… ¿un pulpo que venía del espacio exterior? Debía ser un extraterrestre.

Mucha gente fue a ver la masacre que habían producido esos marcianos Cuando llegaron vieron una multitud de personas, que se habían anticipado a otras, corriendo asustadas. Un policía, que iba a caballo, avisó a toda esa gente de que los extraterrestres se acercaba; todos los allí presentes huyeron, y varias personas murieron aplastadas.

Por suerte la radiación del Rayo Ardiente había terminado antes de alcanzar al protagonista, quién huye con angustia, miedo y soledad indescriptibles. Al llegar el narrador a Maybury se acerca a una casa y pregunta a una pareja si sabían algo de los marcianos. Obviamente no le creen el hecho de que existan marcianos, incluso se burlan de él, y él toma el hecho como algo lejano e improbable.

Al llegar a su casa, él y su esposa se sientan a la mesa y cenan, lo que él dice, seria su última comida decente en mucho tiempo. La única persona que realmente tomó en serio al narrador seria su esposa, quien escuchaba con temor el relato del cilindro, del extraterrestre que se encontraba en la Llanada de Horsell y del Rayo Ardiente, que había dejado tanta destrucción y diversos incendios. A pesar del temor que sentía, el narrador se confía de que podrán exterminar a este ser con armamentos, además de que el extraterrestre nunca podría salir del cilindro debido a la gravedad; pensaba que este factor tendría atrapado a cualquier ser del espacio exterior, pero realmente los marcianos eran más adaptables de lo que podríamos pensar.

Las comunicaciones eran todavía muy rudimentarias, razón por la cual, la noticia de la llegada de marcianos se difunde de manera lenta y sobre todo, es la actitud del hombre como raza superior la que no le permitió percibir el verdadero peligro cuando este ya se encontraba frente a ellos pues, aún cuando se habían presentado acontecimientos extraños a su vida común, la gente continuó realizando sus actividades como era costumbre. Muchas personas habían oído hablar del cilindro, claro está, y hablaban de ello en su tiempo libre. La gente estaba

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