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Inteligencia Emocional


Enviado por   •  8 de Noviembre de 2011  •  689 Palabras (3 Páginas)  •  293 Visitas

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ANATOMÍA DE UN SECUESTRO EMOCIONAL

La vida es una comedia para quienes piensan y una tragedia para quienes

sienten.

Horace Walpole

Era una calurosa tarde de agosto del año 1963, la misma en que el reverendo Martin Luther King, jr.

pronunciara en Washington aquella famosa conferencia que comenzó con la frase «Hoy tuve un sueño»

ante los manifestantes de la marcha en pro de los derechos civiles. Aquella tarde, Richard Robles, un

delincuente habitual condenado a tres años de prisión por los más de cien robos que había llevado a cabo

para mantener su adicción a la heroína y que, por aquel entonces, se hallaba en libertad condicional,

decidió robar por última vez. Según declaró posteriormente, había tomado la decisión de dejar de robar

pero necesitaba desesperadamente dinero para su amiga y para su hija de tres años de edad.

El lujoso apartamento del Upper East Side de Nueva York que Robles eligió para aquella ocasión

pertenecía a dos jóvenes mujeres, Janice Wylie, investigadora de la revista Newsweek, de veintiún años, y

Emily Hoffert, de veintitrés años de edad y maestra en una escuela primaria. Robles creía que no había

nadie en casa pero se equivocó y. una vez dentro, se encontró con Wylie y se vio obligado a amenazarla

con un cuchillo y amordazaría, y lo mismo tuvo que hacer cuando, a punto de salir, tropezó con Hoffert.

Según contó años más tarde, mientras estaba amordazando a Hoffert, Janice Wylie le aseguró que

nunca lograría escapar porque ella recordaría su rostro y no cejaría hasta que la policía diera con él.

Robles, que se había jurado que aquél sería su último robo, entró entonces en pánico y perdió

completamente el control de sí mismo. Luego, en pleno ataque de locura, golpeó a las dos mujeres con una

botella hasta dejarlas inconscientes y, dominado por la rabia y el miedo, las apuñaló una y otra vez con un

cuchillo de cocina. Veinticinco años más tarde, recordando el incidente, se lamentaba diciendo: «estaba

como loco. Mi cabeza simplemente estalló».

Durante todo este tiempo Robles no ha dejado de arrepentirse de aquel arrebato de violencia. Hoy en

día, treinta años más tarde, sigue todavía en prisión por lo que ha

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