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Resumen Del Oficio Del Científico


Enviado por   •  3 de Junio de 2013  •  2.307 Palabras (10 Páginas)  •  306 Visitas

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Esta obra del sociólogo francés Pierre Bourdieu, la última publicada antes de su muerte, aborda de forma fundamental la noción de campo científico, delimitando su significado y sus fronteras y situándolo en relación con el necesario ejercicio de reflexividad que, a su juicio, deben asumir las ciencias sociales.

Bourdieu cree, en primera instancia, haber detectado un problema fundamental tanto en las ciencias sociales contemporáneas como en las mismas raíces de la discusión que durante el siglo XX han desarrollado distintas corrientes críticas, más o menos rupturistas, sobre aquellas mismas ciencias; dicho de otro modo, nuestro autor elabora el diagnóstico de cánceres teóricos y metodológicos largamente arrastrados y propone, como una de las terapias cruciales para su mejora, la reflexividad, es decir, el análisis que el mismo sujeto de conocimiento debe realizar sobre sí mismo, la objetivación que ha de autoaplicarse, aparte de la ya considerada objetivación que, por sistema, se realiza sobre el fenómeno o porción de realidad que se adopta como tema de estudio.

Pero vayamos por partes. En una primera sección denominada por Bourdieu “El estado de la discusión”, éste realiza un retrato más o menos sucinto de la situación actual de los términos de la discusión que le ocupa, articulada fundamentalmente en torno a las corrientes de la sociología de la ciencia (la ruptura que supuso la noción de paradigma con Kuhn; el llamado “programa fuerte”, “demasiado fuerte” para Bourdieu, de Bloor, Barnes, Bath o Collins; etc); ésta se desarrolla durante todo el siglo XX y asume como tarea la crítica a las ideas sobre la “ciencia tradicional” (pensemos en Popper o Chalmers, por ejemplo: ambos resultan muy pedagógicos sobre la cuestión).

Nuestro autor establece un recorrido fugaz sobre las ideas de Merton acerca del reconocimiento en el seno del campo científico y sobre las claves fundamentales expuestas por Thomas Kuhn en La estructura de la revoluciones científicas (donde opina que se expone una representación internalista del cambio), como puntales de la devastación que viene sucediendo en torno a la autoridad de la ciencia –otrora sacrosanta-.

Pienso que la noción fundamental que Bourdieu pretende trasmitir con esta primera parte expositiva o descriptiva de su trabajo es, precisamente, la ruptura de la confianza ciega en la ciencia, una confianza sustentada en la también rechazada creencia sobre una ciencia donde primaban la distancia personal y la objetividad, resultando totalmente irrelevantes aspectos como la imaginación, la pasión o lo fortuito. En oposición a esto, Bourdieu se sitúa en la reivindicación de la investigación como “una práctica consuetudinaria cuyo aprendizaje se realiza por medio del ejemplo” (47), y donde el sentido común (48), la negociación (52) o las presiones institucionales (57) asumen un papel palmario. Además, se defiende la idea clave de la “fabricación de los hechos como ficción” (Latour, Woolgar; 53) lo que, dicho de otro modo, significa que la objetividad como tal no existe sino que también constituye un proceso de construcción social, tanto como la verdad. Coherentemente con esto, Bourdieu afirma que existen dos principios de jerarquización/diferenciación entre las disciplinas, a saber, el propiamente científico (ya esperable) y el temporal (sujeto a los “vaivenes de lo social”).

En la segunda parte de su obra, “Un mundo aparte”, Bourdieu se dedica plenamente a la descripción detallada del campo científico (restricciones de entrada y salida, o bien derecho de admisión) y las relaciones de fuerzas, tensiones y presiones que se establecen en él, la distribución de los distintos impulsos, las alianzas y coaliciones que suceden en su interior (al más puro estilo de una “guerra simbólica”), su interactuación con el medio, su capital simbólico y su gestión del mismo, etc. Dentro de esta caracterización densa que lo que sea el campo científico, queda bien delimitada asimismo la noción de habitus científico, esa suerte de camisa del alma del científico de la que se van derivando poco a poco el “oficio, la intuición, el sentido práctico, el olfato […]” (76) propios de aquél. Así, el habitus es también entendido qua socio-trascendental histórico, al modo de las condiciones sociotrascendentales del conocimiento, en una especie de sociologización de apriorismo kantiano.

La cuestión de la autonomía del campo adquiere, a mi juicio, gran relevancia; la autonomía “no es un don natural, sino una conquista histórica que no tiene fin”, afirma Bourdieu (88) y se halla en relación de proporción inversa con la influencia del mundo social. Así, la elevación o disminución del derecho de admisión a discreción, por así decir, de la propia disciplina, constituye un indicador fundamental de su autonomía, de la posesión, pues, de un nomos propio y genuino y de la legitimidad suficiente como para ejercerlo.

Y, ¿qué se juzga en el derecho de admisión? Dos cosas: la competencia y la apetencia; y este segundo aspecto, a mi entender, dice mucho de esa presencia de lo emotivo, irracional e incluso propio de la sensibilidad artística que se hallan también implícitos en el ejercicio de la ciencia.

La descripción del campo científico queda caracterizada, pues, de un modo cuasi físico: podemos imaginarnos un campo de juegos deportivos, o incluso el dibujo que un físico trazaría sobre una relación de fuerzas entre vectores, y entenderíamos muy gráficamente en qué consiste esta noción bourdieuana. El campo científico posee, como dijimos, su propio nomos, su espacio propio de tensión entre posibilidades y disposiciones, sus dinámicas y estáticas, sus coordenadas, sus juegos de poder y sus arbitrajes, sus éxitos (el hábito del carisma) y sus caídas… y su lucha es, por tanto, regulada, así como los sujetos de ésta asumen roles diferenciales –por ejemplo, los conservadores y los rupturistas o revolucionarios, que sin embargo nunca lo son en sentido pleno, en tanto en cuanto conservan adquisiciones anteriores-. Los roles, por otro lado, se transforman, se hibridan(120ss) en dependencia de las innovaciones que realizan los propios científicos.

La ciencia resulta, en fin, un “inmenso aparato de construcción colectiva usado de modo colectivo” (125), así como la verdad y la objetividad en cada campo científico constituyen un producto social del mismo (127); a este respecto la noción de diálogo y de acuerdo adoptados por una comunidad resulta, a mi entender, bien fructífera. Bourdieu hace eco de esa consideración de la ciencia como una cuestión “sociodemocrática”, al modo de una conquista de la intersubjetividad mediante el diálogo y/o la búsqueda común de un lenguaje y un idioma propios,

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