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Laguna Negra


Enviado por   •  29 de Julio de 2011  •  3.919 Palabras (16 Páginas)  •  511 Visitas

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Laguna negra

Diario encontrado en la casa bajo investigación. Las entradas a continuación han sido las seleccionadas para el estudio del caso. Leer con cautela.

Aseguro ante el Dios Todopoderoso que rige este universo que no existe mayor tragedia concebida que la que me ha tocado vivir a mí en esta Tierra mía, que aún a pesar de todas estas adversidades me es imposible dejar de querer; aún más que a sus habitantes. A la hora de buscar responsables no soy capaz de señalar con el dedo a nadie (aunque no niego que me encantaría hacerlo), puesto que estas aberraciones sólo pueden ser en contra de la bondad y atentan contra todo orden y naturaleza lógica y racional. Aún con estas ideas claras, no dejo de preguntarme…

¿Es acaso todo esto un castigo? ¿Quizá, inclusive, de orden divino? ¿Hice algo mal? Preguntas todas a las que soy incapaz de encontrarles una solución concreta o una verdaderamente satisfactoria. Es mi existencia misma la que se deshace en cenizas por culpa de esta maldición, de este cruel tormento que desconozco y tampoco logro explicarme con claridad. Creo que sólo Él sabe cuántas personas más en este mundo están en este mismísimo momento compartiendo mi desgracia, mi triste destino en estos precisos segundos, mientras respiro y escribo lo más rápidamente posible lo que sé de mis hechos… provocado todo esto, cual tormenta, por culpa del misterioso, inexplicable e impredecible destino; la condenada diosa de la fortuna que ata nuestras almas a grandes alegrías y horribles desgracias en un mismo y gran paquete.

Ya tan sólo quisiera volver a entender y asumir, racionalmente y sin conflictos, el por qué me ha pasado esto a mí. Quisiera poder encontrar nuevamente la raíz de todo esto… pero eso ya no puedo recordarlo.

Todo este auténtico y desatado caos comenzó, para mí, esta mañana al despertarme de un enigmático sueño, que me dejó profundamente perturbada y preocupada en un principio. A pesar de que la mayoría de las veces me olvido inmediatamente de mis sueños, pude llegar a recordar este por completo; lo que a mi parecer lo tornaba más preocupante. Recuerdo que al despertar me parecía más una señal que un sueño.

Con relación a estos, había muchas veces escuchado antes, de boca de los cotilleos con mis antiguas compañeras de curso, de algunas de mis actuales amigas o incluso de las tardes de ocio en la radio, testimonios insólitos o sorprendentes de señales oníricas y usualmente asociadas a lo divino o a lo espiritual; contado todo aquello en un tono tan alucinante, poco coherente y creíble para mí que siempre me generó una ligera aversión, pues siempre me consideré demasiado racionalista para creerme esa clase de cosas sobre las señales y lo paranormal. Sin embargo, no había conseguido experimentar por mí misma un sueño de aquel tipo, lo que por lo menos en mí había podido crear el escepticismo que llevaba a aquellas evidencias y testimonios… hasta ahora. ¡Oh, Dios Mío! Si entonces hubiera sabido… ¿Habría cambiado algo?

Dentro de mi curioso letargo había tenido la visión de que recorría vastos y largos valles… todos llenos de un maravilloso esplendor, verdes y tranquilas praderas… y hermosos campos llenos de flores y otras maravillas bajo un hermoso sol de verano que irradiaba calma y amor. No podía evitar sentirme libre y feliz en aquel pequeño paraíso lleno de tantas cosas tan simples y tan bellas a la vez. Pero repentinamente vino un cambio en el ambiente. Sorpresivamente me topé en mi camino de felicidad con una enorme y oscura caverna a la que, luego de unos segundos de peculiar duda, finalmente decidí adentrarme… pues basta mencionar sobre mis razones que por algún extraño motivo imposible de describir me sentí súbitamente incapaz de volver mis pasos hacia atrás.

Esta caverna contenía algo inexplicable… que la hacía profundamente llamativa e irresistible. Sentía fluir en mi mente múltiples promesas de goce y felicidad a cambio de mi actual estilo de vida silvestre y relajado. Tentada estaba de partir hacia aquel mundo nuevo que tanto prometía; así que acepté el pacto. Decidí dejar mi vieja vida atrás. Antes de partir, sin embargo, contemplé por última vez toda la belleza que todavía me rodeaba… y que seguiría estando ahí por siempre, y me adentré finalmente en la oscuridad; completando así el intercambio en busca del cumplimiento de aquellas mejores promesas. Pero no pasó mucho tiempo para que me terminara perdiendo en una oscuridad infinita por un espacio de tiempo imposible de calcular por métodos humanos, sin hallar aquello que esperaba encontrar cuando decidí entrar al tétrico antro, donde parecía que cada segundo se me hacía eterno.

El frío que había en el interior me doblegaba, y a medida que avanzaba, con cada paso me sentía más sola y asustada, sumada además la constante y creciente nostalgia por lo perdido. Pero no podía ya regresar. Mi avaricia me había traído y ahora debía pagar mi ingenuidad.

A medida que avanzaba podía percibir cosas a mi alrededor alimentando mis miedos, mientras se ahogaban ellas mismas en la extrema negrura. Sentía cómo aquellas presencias se congregaban lentamente en las sombras y se acercaban reptando hacia a mí. Eran criaturas o entes desconocidos que comenzaron a tocarme con sus asquerosas y pegajosas extremidades mientras avanzaba enceguecida; tornando más pesado mi cuerpo —y dificultando así mi progreso— con aquel desagradable y viscoso toque.

Después de un tiempo indefinido en el que creí que sería absorbida por las monstruosidades en las sombras, se fueron, y no tuve que preguntarme el por qué demasiado tiempo.

La esperanza creció profundamente en mi corazón de nuevo al lograr encontrar la salida de la caverna, que tenía una luz casi enceguecedora que había repelido toda clase de sombras. Luego de unos segundos de espera para que mis ojos se acostumbraran nuevamente a la luz fui capaz de ver el otro lado —La salida—, y detrás yacía aquella hermosa vida de libertad y tranquilidad, que decidí egoístamente abandonar, esperando mi añorado regreso. Sólo se interponía entre mí y la felicidad una oscura laguna… que no suavizaba sus colores ni siquiera con la brillante luz del sol del exterior sobre su extremadamente tranquila superficie.

Y aún así me arriesgué a nadar y cruzar el río para intentar recuperar lo que había perdido. Sin embargo sólo logré avanzar un poco. Repentinamente advertí que mi cuerpo, inevitablemente y para mi absoluto horror, se comenzaba a hundir más y más profundamente en el negro abismo. La sensación tan brutalmente real de ahogo y desesperación que me engullían provocaron que me despertara bruscamente… y al hacerlo en mi cabeza se produjo un enorme dolor

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