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INSTRUMENTO PARA LA EVALUACIÓN DEL AVANCE DE LOS APRENDIZAJES ESPERADOS EN EL ENFOQUE DE DESARROLLO DE COMPETENCIAS


Enviado por   •  21 de Agosto de 2011  •  1.988 Palabras (8 Páginas)  •  1.528 Visitas

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La evaluación debe estar, como primer axioma, al servicio de quien aprende, sin ninguna duda. Su corolario debe ser fuente de aprendizaje primordialmente. En consecuencia, y como principio que se deriva lógicamente del propio discurso, en el enfoque por competencias, la evaluación debe desempeñar funciones esencialmente formativas. Por tanto, y paradójicamente, la evaluación que pretenda formar a quienes son evaluados, debe ir mas allá de la acumulación de evidencias, En su función formativa la evaluación debe dar información útil y necesaria para asegurar el progreso en la adquisición y comprensión de quien aprende. También de quién enseña.

La evaluación, según Valcárcel Casas (2003, pág. 60), habrá que entender la evaluación como un proceso que se desarrolla durante y no sólo al final de las actividades realizadas por estudiantes y profesorado, habrá que proporcionar criterios claros para la evaluación en función de lo que se vaya a evaluar, habrá que ofrecer la 'evaluación como una oportunidad para la mejora y no sólo como un Instrumento de control sobre lo realizado, y además, habrá que incorporar en la calificación otros elementos derivados de las actividades, la implicación y las actitudes de los estudiantes durante el desarrollo del curso académico.

La evaluación, señala, debe ser siempre diálogo. El profesor debe mostrarse siempre dispuesto a la negociación y al diálogo con los alumnos. Y La evaluación debe centrarse en las competencias desarrolladas en Formación Cívica y Ética para comprobar si las han adquirido y en qué grado y concluir así qué han aprendido, no sabemos muy bien si conocimientos o competencias. Esto es nuevo para los profesores.

Lejos debe quedar aquella práctica que limita la evaluación a la calificación final, cuando ya no hay remedio para mejorar los procesos de enseñanza y de aprendizaje. Se trata de transformar la evaluación, asentada en la costumbre y en la rutina como recurso de control, en ejercicio de formación. Pasar del carácter estático a la dinámica de la participación, de la construcción, del diálogo, del intercambio, en la que la información sea relevante para la construcción del aprendizaje y para superar las dificultades, incluidos los errores. Como advierte Perrenoud (2001), "no se construyen competencias sin evaluarlas”, pero esta evaluación no puede tomar la forma de pruebas del tipo papel y lápiz o de los clásicos exámenes. La evaluación de las competencias debería ser, en gran medida, formativa, pasar por un co-análisis del trabajo del alumno y la regulación de su inversión antes que pasar por notas o clasificaciones.

En los procesos de formación la evaluación desempeña funciones formativas y al evaluar, sea el profesor, sea el alumno el que realice ese proceso, necesariamente debe ser procesual y por lo tanto continúa, todos deberían aprender: referente a lo adquirido y relativo a lo que falta por conseguir, justo de los aciertos y de los errores, referente al contenido de las respuestas y sobre el contenido de las preguntas, tocante a las respuestas que elabora y da el alumno y concerniente a los criterios y las formas que utiliza el profesor para valorar las respuestas, las preguntas que formula el, profesor y sobre las que podría formular el alumno como ejercicio de aprendizaje de la propia autoevaluación.

A lo largo del ciclo escolar los profesores tienen muchas oportunidades de averiguar y .de evaluar cómo aprenden los estudiantes y pueden utilizar esa información para introducir cambios que contribuyan a la mejora de la enseñanza y del aprendizaje. A este objetivo responde la evaluación formativa. Como se recoge en la Ley Orgánica de Educación (LOE) de 2006, "la evaluación se ha convertido en un valioso instrumento de seguimiento y de valoración de los resultados obtenidos y de mejora de los procesos que permiten obtenerlos”.

La evaluación educativa, en contextos de formación, desempeña funciones esencialmente de aprendizaje y sólo cuando aseguramos que el alumno aprende podemos hablar de evaluación formativa. La evaluación en el desarrollo de competencias Cívicas y Éticas es una ocasión más de aprendizaje y no una interrupción del mismo, ni un rendir cuentas mecánicas y rutinarias de y sobre la información recibida y acumulada previamente.

La evaluación debe ser invariable y constantemente formativa y continúa, el sujeto debe aprender con ella y a través de ella, entregar información crítica y relevante que el profesor, cuando evalúa, debe ofrecer al alumno con el ánimo de mejorar el propio trabajo o con la intención de mejorar en el proceso educativo. En esta función, el ejercicio de la evaluación debe ser, ante todo, una garantía de éxito, un apoyo y un refuerzo en el proceso de aprendizaje, del que sólo se espera el beneficio para quien aprende, que lo será simultáneamente beneficioso para quien enseña. La tarea del profesor persigue de este modo asegurar siempre un aprendizaje reflexivo, en cuya base está la comprensión de contenidos valiosos de conocimiento.

Una circunstancia básica para poner en práctica la evaluación es la de renunciar a la búsqueda del éxito académico como valor en sí, identificado con el éxito de las calificaciones, tan importantes y tan condicionantes en la mente de los alumnos, para tratar de alcanzar el éxito educativo que trasciende los márgenes de la enseñanza orientada al examen.

Se trata de sustituir la enseñanza centrada en la transmisión de información que lleva a un aprendizaje memorístico y rutinario orientado al examen y mediatizado por él, por una enseñanza cuya base sea la comprensión crítica de las competencias Cívicas y Éticas, apoyada por una buena explicación y acompañamiento por parte del profesor en el proceso de construcción de aprendizajes,

Se trata de pasar de un aprendizaje sumiso y dependiente, que sólo puede garantizar el éxito fugaz para la inmediatez del aula y del momento crítico que es el examen, a un aprendizaje asentado en bases de entendimiento y al desarrollo de habilidades intelectuales de Formación Cívica y Ética.

Si pretendemos estimular un aprendizaje orientado al desarrollo de habilidades o competencias Cívicas y Éticas, al pensamiento critico y creativo, la capacidad de resolución de problemas, aplicación de conocimientos a situaciones o tareas nuevas, capacidad de análisis y de síntesis, interpretación de textos o de hechos, capacidad de elaborar un argumento convincente, será necesario practicar una evaluación que vaya en consonancia con aquellos propósitos.

Es imprescindible que el alumno desarrolle una mente organizada además

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