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Homosexualidad


Enviado por   •  30 de Marzo de 2013  •  3.612 Palabras (15 Páginas)  •  318 Visitas

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Pese a que la actividad homosexual era común entre los paganos, el ministerio de Jesús era fundamentalmente para los judíos. La homosexualidad era universalmente entendida como una abominación entre los judíos. Jesús no necesitaba corregir a los judíos que entendían la naturaleza de la homosexualidad porque tenían el recto entendimiento de ella ya (lo que significa que el silencio de Cristo sobre este asunto no es a favor de la homosexualidad). Además, como la homosexualidad era considera una abominación para los judíos, no era un pecado común entre los judíos. Jesús no necesitaba predicar a su rebaño sobre este asunto.

Además, Jesús no estaba simplemente capitulando a la cultura de su tiempo. Jesús habló a las mujeres y hubo mujeres entre sus discípulos. Sanó en el Sabbath y permitió a sus discípulos recoger granos en el Sabbath. Si los judíos hubieran malinterpretado la ley, o la hubieran llevado a extremos, Jesús remediaba estos errores con sus ejemplos y enseñanzas, pero nunca lo hizo con la homosexualidad, porque los judíos tenían una correcta visión de la actividad homosexual: es una seria ofensa contra la ley eterna de Dios, un acto de grave depravación y una abominación a los ojos del Señor.

Ahora, demostraré, desde las Sagradas Escrituras, que el pueblo judío entendía que la actividad homosexual era una abominación. Mostraré luego que los discípulos de Jesús no repudiaban su enseñanza, aunque demostraban que los elementos ceremoniales del Antiguo Testamento no eran más vinculantes.

El Antiguo Testamento explícitamente condena los actos homosexuales:

“Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma al caer la tarde, cuando Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levantó para recibirlos y se postró rostro en tierra, y dijo: He aquí ahora, señores míos, os ruego que entréis en la casa de vuestro siervo y paséis en ella la noche y lavéis vuestros pies; entonces os levantaréis temprano y continuaréis vuestro camino. Pero ellos dijeron: No, sino que pasaremos la noche en la plaza. Él, sin embargo, les rogó con insistencia, y ellos fueron con él y entraron en su casa; y les preparó un banquete y coció pan sin levadura, y comieron. Aún no se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, los hombres de Sodoma, rodearon la casa, tanto jóvenes como viejos, todo el pueblo sin excepción.

Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los hombres que vinieron a ti esta noche? Sácalos para que los conozcamos. Entonces Lot salió a ellos a la entrada, y cerró la puerta tras sí, y dijo: Hermanos míos, os ruego que no obréis perversamente.

He aquí ahora tengo dos hijas que no han conocido varón; permitidme sacarlas a vosotros y haced con ellas como mejor os parezca; pero no hagáis nada a estos hombres, pues se han amparado bajo mi techo.

Mas ellos dijeron: ¡Hazte a un lado! Y dijeron además: Este vino como extranjero, y ya está actuando como juez; ahora te trataremos a ti peor que a ellos. Y acometieron contra Lot y estaban a punto de romper la puerta, pero los dos hombres extendieron la mano y metieron a Lot en la casa con ellos, y cerraron la puerta. Y a los hombres que estaban a la entrada de la casa los hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se cansaban tratando de hallar la entrada.

Entonces los dos hombres dijeron a Lot: ¿A quién más tienes aquí? A tus yernos, a tus hijos, a tus hijas y quienquiera que tengas en la ciudad, sácalos de este lugar; porque vamos a destruir este lugar, pues su clamor ha llegado a ser tan grande delante del SEÑOR, que el SEÑOR nos ha enviado a destruirlo. Y salió Lot y habló a sus yernos que iban a casarse con sus hijas, y dijo: Levantaos, salid de este lugar porque el SEÑOR destruirá la ciudad. Pero a sus yernos les pareció que bromeaba.

Y al amanecer, los ángeles apremiaban a Lot, diciendo: Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no seáis destruidos en el castigo de la ciudad.

Mas él titubeaba. Entonces los dos hombres tomaron su mano y la mano de su mujer y la mano de sus dos hijas, porque la compasión del SEÑOR estaba sobre él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad.

Y aconteció que cuando los habían llevado fuera, uno le dijo: Huye por tu vida. No mires detrás de ti y no te detengas en ninguna parte del valle; escapa al monte, no sea que perezcas.

Pero Lot les dijo: No, por favor, señores míos.

Ahora he aquí, tu siervo ha hallado gracia ante tus ojos, y has engrandecido tu misericordia la cual me has mostrado salvándome la vida; mas no puedo escapar al monte, no sea que el desastre me alcance, y muera.

Ahora he aquí, esta ciudad está bastante cerca para huir a ella, y es pequeña. Te ruego que me dejes huir allá (¿no es pequeña?) para salvar mi vida.

Y él le respondió: He aquí, te concedo también esta petición de no destruir la ciudad de que has hablado.

Date prisa, escapa allá, porque nada puedo hacer hasta que llegues allí. Por eso el nombre que se le puso a la ciudad fue Zoar.

El sol había salido sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar.

Entonces el SEÑOR hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego, de parte del SEÑOR desde los cielos; y destruyó aquellas ciudades y todo el valle y todos los habitantes de las ciudades y todo lo que crecía en la tierra. Pero la mujer de Lot, que iba tras él, miró hacia atrás y se convirtió en una columna de sal. Y Abraham se levantó muy de mañana, y fue al sitio donde había estado delante del SEÑOR; y dirigió la vista hacia Sodoma y Gomorra y hacia toda la tierra del valle y miró; y he aquí, el humo ascendía de la tierra como el humo de un horno.

Y aconteció que cuando Dios destruyó las ciudades del valle, se acordó Dios de Abraham e hizo salir a Lot de en medio de la destrucción, cuando destruyó las ciudades donde habitaba Lot

(Génesis 19:1-29)

“No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación.

"No te ayuntarás con ningún animal, contaminándote con él, ni mujer alguna se pondrá delante de un animal para ayuntarse con él; es una perversión.

"No os contaminéis con ninguna de estas cosas, porque por todas estas cosas se han contaminado las naciones que voy a echar de delante de vosotros.

"Porque esta tierra se ha corrompido, por tanto, he castigado su iniquidad sobre ella, y la tierra ha vomitado a sus moradores".

"Pero en cuanto a vosotros, guardaréis mis estatutos y mis juicios y no haréis ninguna de estas abominaciones, ni el nativo ni el forastero que reside entre vosotros (porque los hombres de esta tierra que fueron antes de vosotros han hecho todas estas abominaciones, y la tierra se ha contaminado),

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