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El mexicano, psicología de sus motivaciones


Enviado por   •  22 de Enero de 2019  •  Resúmenes  •  2.425 Palabras (10 Páginas)  •  12 Visitas

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“El mexicano, psicología de sus motivaciones”

  1. Motivaciones psicológicas del mexicano, 1955

El mexicano ha cambiado su forma de ser, conducta y/o personalidad a través de los años. Cabe suponer que con la cotidianidad de la revisión de los psicólogos esta ha evolucionado las formas de expresión del mexicano. El psicoanálisis es preciso para establecer conceptos, resulta fundamental saber los conceptos básicos e indispensables como herramientas de trabajo. Se considera al ser humano como entidad biológica que entra en contacto con el ambiente, esto desde el punto de vista psicoanalítico, al utilizar la terminología psicoanalítica se expresa que el ser humano, no importa la cultura en la que se desarrolle, nace como un cúmulo de material instintivo y de necesidades cuyo origen se encuentra en el plasma germinal. El psicoanálisis ha llegado a postular algunos conceptos básicos después de estar operando con el ser humano más de 50 años. La forma en la que el pasado actúa y determina el presente del ser humano depende de una serie de características de dicho pasado, cuyo objeto estudio es el estudio psicoanálisis. Se puede encontrar distorsiones fundamentales en un individuo, en una familia o en un grupo social, con respecto a otros individuos, a otras familias y a otros grupos sociales, derivadas de la forma en la cual han sido manejadas sus necesidades básicas.

Octavio Paz expresa que la historia de México es la del hombre que busca su filiación, su origen. La soledad que tenemos tiene las mismas raíces que el sentimiento religioso. Es una orfandad, una oscura conciencia de que hemos sido arrancados de todo y una ardiente búsqueda: una fuga y un regreso, tentativa por establecer los lacos que nos unían a la creación. La preponderancia de un grupo sobre otro era habitualmente el resultado de conquistas de tipo militar cuya consecuencia final era el producto de un doble juego de fuerza.

Las culturas de Mesoamérica tenían metas espirituales, que sus fines políticos y militares estaban  subordinados a intereses de naturaleza religiosa.  

Alfonso Caso expresa que a la llegada de los españoles eran bien claras las tenciones sociales en el mundo indígena. El español segundo en su mayoría encontraba en la conquista el camino del triunfo y la adquisición de un mayorazgo que el destino le había negado. El ámbito cultural le había enseñado al español que lo que no había obtenido del destino lo podía obtener de la aventura y la hazaña. Su deseo de posesión tiene el tamaño de sus limitaciones en la tierra de origen. Las pautas culturales hasta ese momento le habían dado un sentido de autoafirmación y suficiencia. La religión era emblema para el español, justificativo y pretexto de su codicia; las guerras de reconquista y la expulsión de los judíos de la península Ibérica. Para el pensamiento religioso español en ningún momento cupo la

posibilidad de una conciliación; por eso a su llegada barrió con todas las manifestaciones externas del anhelo y el espíritu religioso indígena.

Cardoza y Aragón responden al respecto que el corte de la tizona española no nos ha separado del  mundo antiguo, de la poesía primigenia y original, de nuestra carga explosiva y mágica. El español dejaba tras de sí un mundo de objetos valorizados como su manera de vivir, sus costumbres, su lengua, religión, mujeres, era lo que para el constituía un valor. La valoración que el español hizo de la mujer indígena fue negativa, el apreciaba sus protoimágenes en todos los órdenes.

Después de esto Octavio paz expresa que las mujeres son seres inferiores porque, al entregarse, se abren. Su inferioridad es constitucional y radica en su seno, en su “rajada”, herida que jamás cicatrizara, toda abertura de nuestro ser entraña a disminución de nuestra hombría.

El sentirse superior frente a las mujeres en plan de “grandes señores” necesitados de obtener los servicios incondicionales de ellas, ha matizado muchos de los aspectos estructurados del matrimonio del mexicano.

Todo lo indígena, lo devaluado a los ojos del español, trato de ser borrado, los antiguos nombres fueros sustituidos siempre haciéndolos anteceder por la partícula de la nueva: Nueva España, Nueva Galicia, etcétera. En las designaciones de los pueblos pequeños, el nombre indígena no prevaleció sino como apellido materno: Santiago Tianguistengo, San Andrés Telepilco, una vez más la filiación maternal de lo indígena es evidente. El mexicano tanto criollo como mestizo se encuentra ante un conflicto agudo e identificaciones múltiples y complejas, víctimas de contradicciones de signo opuesto que necesariamente dejarán insatisfecha una forma de su personalidad.

El hombre gasta sus ingresos o la mayor parte de ellos en destacar su posición masculina, es terriblemente aficionado a todas aquellas prendas de vestir simbólicas de lo masculino: el sombrero ya sea el de charro o el de borsalino, la pistola, el caballo o el automóvil serán su lujo y orgullo, se trata de manifestaciones externas a las que compulsivamente recurre para afirmar una fortaleza de las que interiormente carece.

La actitud antiindígena del mexicano tiene algunos paralelos con la actitud antisemita. Ackerman ha observado que frecuentemente la actitud antisemita protege de depresiones severas se ataca afuera para evitar atascarse adentro. También señala que frecuentemente el antisemita identifica dentro de su judaísmo, debilidad y femineidad en las tres características equiparadas está criticando algo que ha colocado en el exterior y que en realidad lleva en sí mismo.

En esta constelación, mestizaje de madres indias y padres españoles, a donde a ella le tocó la peor parte ya que tuvo renunciar a sus formas y estilos de vida, el hijo va a ser el depositario del afecto materno. Conforme pasaron los años de la Colonia la presión que el mestizo ejerció en la fisionomía de la época fue cada vez más intensa.

Surge el afrancesamiento de la sociedad mexicana se admira la literatura, la novela, le música y el gusto francés. Las leyes de reforma y la lucha contra el imperio francés hicieron necesario que Juárez buscara el apoyo de los Estados Unidos, en esos momentos el acento paterno recaía en los franceses.

La revolución fue la única forma en la que la mujer pudo hacer expresiva una sexualidad reprimida y soterrada, fue la única forma en que pudo paternizar la fuerza de un instinto tan larga y violentamente reprimido. A más de eso su femineidad, en la relación con su hombre, más que en la relación con su hijo se hizo patente y manifiesta. La estructura familiar de los indígenas es bastante homogénea, el otomí, el chamula o cualquier otro grupo indígena vive en intensa unión dentro del seno de su familia, ya que el medio hostil lo impulsa a ellos.

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