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Cambio climático: ¿Desafío oportuno de las energías renovables?


Enviado por   •  12 de Agosto de 2019  •  Ensayos  •  1.351 Palabras (6 Páginas)  •  32 Visitas

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Presentado por: Camila del Carmen Sánchez Atencio – T00055361

Cambio climático: ¿Desafío oportuno de las energías renovables?

El deterioro del planeta tierra, evidenciado principalmente por los desequilibrios en los ciclos naturales de muchos ecosistemas, es una consecuencia directa de la actividad humana que cada día, aumenta en dirección contraria al uso adecuado de los recursos que la naturaleza tiene para brindarnos. Cuenta de eso dan los datos reportados por el World Energy Council (Consejo Mundial de la Energía) en el año 2017, que ponen en evidencia la distribución del consumo energético mundial, y cómo este se inclina hacia el uso de materias primas contaminantes como el petrolero con un 40%, el gas y carbón con un 25% cada una, y solo un 10% a energías renovables como la eólica, hidráulica, solar, etc.

Esto es algo alarmante en la medida en que el Cambio Climático, entendido como un “cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales” [IDEAM], 2014). Se ha convertido en la mayor amenaza medioambiental que enfrenta la humanidad en nuestros días.

Lo anterior se ve reflejado en la Convención Marco De Las Naciones Unidas Sobre El Cambio Climático (1992) donde se deja por sentado que “los cambios del clima de la Tierra y sus efectos adversos son una preocupación de toda la humanidad” dado que las actividades humanas han contribuido de forma sustancial al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmosfera, lo cual genera un calentamiento global adicional que tiene consecuencias adversas en los ecosistemas naturales.

En esta convención se indica que la fuente del problema está constituida en mayor medida por las emisiones de gases, y hay que indicar que los centros poblacionales en los que se genera una mayor emisión son las ciudades y más aún, aquellas que se constituyen de forma adicional, como centros industriales o de producción industrial.

Por este motivo, se cree pertinente plantear como solución al problema del cambio climático, centrada en una transformación de las fuentes energéticas que alimentan el consumo diario de las ciudades, para orientarlas hacia la consecución de energías renovables que sean más amigables con el medio ambiente.

Esta iniciativa se considera pertinente en la medida en que, al menos para el caso de América Latina, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2013) afirma que durante las últimas décadas más del 50% de la población total del planeta vive ya en áreas urbanas y se estima que este porcentaje aumentará a un 70%, y seguirá en aumento toda vez que procesos como la globalización y la industrialización vayan en aumento. De ahí que se una afirmación válida decir que la lucha contra los retos que supone el cambio climático se gana o se pierde en los centros urbanos.

Es importante poner atención a este problema porque, según los informes realizados por Green Peace (2019) el aumento del Cambio Climático ya no solo se ve reflejado en el aumento de la temperatura global, la subida de los mares y el progresivo deshielo de las masas glaciares, como el Ártico; sino también en daños en las cosechas y en la producción alimentaria, las sequías, los riesgos en la salud y en los fenómenos meteorológicos extremos, como tormentas y huracanes.

Por ello grandes organizaciones proponen como solución una revolución energética con la cual se consiga “paliar los efectos del cambio climático y lograr una eficiencia energética que generará puestos de trabajo y reducirá los costes de electricidad mediante energías renovables que constituyan un nuevo sistema energético en el que se reemplacen los combustibles sucios”  (Green Peace, 2019).  

En el caso particular de Colombia, La nueva ley 1931 de 2018 avanza en la regulación para “la gestión del cambio climático buscando orientar las decisiones de entidades públicas y privadas, así como definir las competencias de los diferentes entes territoriales y autoridades ambientales del país” (Bernal-Rubio, 2018). Esta regulación tiene como principal objetivo impulsar el desarrollo de estrategias o acciones de mitigación de gases efecto invernadero y de adaptación a este fenómeno buscando reducir la vulnerabilidad de la población y de los ecosistemas del país.

Las energías renovables cumplen un papel fundamental, y surgen como una respuesta estratégica ante lo que es este fenómeno y la elevada contaminación de los centros urbanos. En Colombia hay una cantidad de proyectos en pro de esta alternativa: “construir plantas y techos solares, así como sistemas de energía eólica (impulsadas por el viento), geotérmicas (que aprovechan el calor de la tierra), de biomasa (con desechos orgánicos) e hidroeléctricas menores a 10 megavatios” (Revista Semana, 2017).

 En cuanto a la energía eólica los vientos en Colombia son catalogados como “una fuente renovable de alto potencial energético, sin embargo, no se aprovecha ni el 0.4% de su potencial teórico” (Ñustes y Rivera, 2017). No obstante, La Unidad de Planeación Minero Energética, hasta la fecha 25 de abril del año 2018, reportó 14 proyectos de energía eólica registrados en el país. Cinco de ellos están ubicados en La Guajira y se encuentran en fase 2, los cuales aportarían 569 megavatios de potencia instalada (Revista Semana, 2018) 

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