La Sonrisa Etrusca
urki1245Resumen10 de Febrero de 2026
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CAPÍTULO 1 – EL SARCÓFAGO DE LOS ESPOSOS
ETRUSCOS
La novela comienza en el Museo de Villa Giulia, en Roma, ante el famoso sarcófago
etrusco de los esposos. Un guardián del museo observa con curiosidad a un anciano que
lleva mucho tiempo sentado frente a la obra, inmóvil, como si estuviera hipnotizado. Ese
anciano es Salvatore Roncone, un campesino del sur de Italia.
Salvatore contempla la escultura de la pareja reclinada sobre el sarcófago. Ambos tienen
una sonrisa serena, profunda y misteriosa, una sonrisa que no parece propia de la
muerte. Esta imagen provoca en el protagonista una intensa reflexión interior. Se pregunta
cómo es posible que alguien pueda sonreír incluso después de morir, y qué tipo de
personas serían los etruscos para representar la muerte como algo tranquilo y gozoso.
👉
Desde este primer capítulo se introduce uno de los temas fundamentales de la novela:
la relación entre la vida y la muerte, y la idea de que vivir plenamente permite aceptar
la muerte sin miedo.
Salvatore se siente profundamente identificado con esa sonrisa. Para él, representa una
forma de estar en el mundo: vivir con intensidad hasta el final, sin arrepentimientos. Este
momento es clave porque anticipa su propia situación: Salvatore está gravemente enfermo
y sabe que se acerca el final de su vida.
Aparece entonces su hijo Renato, que ha venido a buscarlo. Renato trabaja en Milán y está
casado con Andrea. Ha llevado a su padre a Roma y ahora se lo lleva con él porque quiere
que se someta a pruebas médicas en el norte. Desde el primer diálogo se aprecia la
distancia entre padre e hijo: Renato es moderno, racional, siempre con prisa; Salvatore es
reflexivo, crítico y muy ligado a la tierra y a las tradiciones.
Este capítulo cumple una función simbólica muy importante:
● presenta el título de la obra
● introduce la visión vital de Salvatore
● plantea el conflicto entre tradición y modernidad
CAPÍTULO 2 – EL VIAJE HACIA EL NORTE
Durante el viaje en coche desde Roma hacia Milán, Salvatore va observando el paisaje y
reflexionando sobre su vida. El trayecto sirve como excusa para que el lector conozca mejor
su carácter y su pasado.
Salvatore es un hombre orgulloso, fuerte y de ideas firmes. Fue partisano durante la
Segunda Guerra Mundial, luchó contra el fascismo y ha vivido siempre en su pueblo del
sur, en contacto con la tierra, los animales y la naturaleza. Desconfía profundamente de los
políticos, de las ciudades y de todo lo que se aleja de lo natural.
A lo largo del viaje, el viejo expresa su rechazo hacia el norte de Italia, al que considera frío,
artificial y carente de humanidad. Para él, el sur representa la vida auténtica, aunque sea
dura.
En este capítulo también se menciona con claridad su enfermedad, a la que llama “la
Rusca”, como si fuera un animal que lo roe por dentro. Aunque sabe que está muy enfermo,
Salvatore no se presenta como una víctima: se resiste a la idea de morir lejos de su tierra y
se muestra desafiante ante su destino.
Aquí empieza a verse una contradicción importante en el personaje:
● por un lado, desprecia la ciudad y los médicos
● por otro, acepta ir a Milán, lo que indica que todavía no se rinde
CAPÍTULO 3 – LLEGADA A MILÁN: LA CIUDAD COMO
PRISIÓN
La llegada a Milán supone un choque brutal para Salvatore. La ciudad se le presenta como
un espacio hostil, gris y opresivo. Los edificios altos, el tráfico, el ruido y los olores
industriales le producen rechazo. Para él, Milán es casi una trampa que atrapa a las
personas y las deshumaniza.
Este capítulo refuerza el contraste entre:
● el mundo rural, libre y natural
● el mundo urbano, artificial y asfixiante
Salvatore llega al piso de Renato y Andrea. El apartamento es moderno, ordenado y limpio,
pero frío. El viejo no se siente en casa. Duerme en un sofá-cama, lo que simboliza que su
presencia es provisional y que no pertenece a ese lugar.
Conocemos mejor a Andrea, la nuera. Es una mujer culta, racional, profesora universitaria,
que cree firmemente en la ciencia, la medicina y los libros. Desde el primer momento se
percibe una tensión silenciosa entre ella y Salvatore. Ella lo trata con educación, pero con
distancia; él la observa con desconfianza.
Este capítulo muestra que Salvatore no solo está enfermo físicamente, sino también
desplazado, fuera de su mundo.
CAPÍTULO 4 – LA NOCHE, LA MEMORIA Y EL DESEO
Durante la noche, solo en el piso de Milán, Salvatore recuerda su pasado. Especialmente
importante es el recuerdo de Dunka, una mujer con la que mantuvo una intensa relación
amorosa durante la guerra.
Estos recuerdos sirven para desmontar el estereotipo del anciano sin deseos ni emociones.
Salvatore recuerda el amor, el cuerpo, el placer y la pasión con una intensidad que
demuestra que la vejez no elimina el deseo ni la capacidad de amar.
👉
Este capítulo refuerza uno de los mensajes más importantes del libro:
vivir es sentir, y eso no termina con la edad.
La memoria aparece como un refugio frente a la soledad y la enfermedad. Salvatore se
aferra a lo vivido para reafirmar que su vida ha tenido sentido.
CAPÍTULO 5 – EL ENCUENTRO CON BRUNETTINO
Este es uno de los capítulos más importantes de toda la novela.
A la mañana siguiente, Salvatore conoce por primera vez a su nieto, Brunettino, un niño de
trece meses. El impacto es inmediato y profundo. El viejo se queda sorprendido al ver que
no es un recién nacido, sino un niño vivo, curioso y fuerte.
Descubre que el niño se llama Brunettino en honor a su nombre de guerra, Bruno, lo que le
emociona profundamente. Este detalle refuerza el vínculo entre ambos incluso antes de que
se establezca conscientemente.
Desde este momento comienza la gran evolución de Salvatore:
● deja de verse solo como un hombre enfermo
● empieza a sentirse abuelo, transmisor de vida
El niño se convierte en una razón para vivir, en un símbolo de continuidad frente a la
muerte.
CAPÍTULO 6 – EL NACIMIENTO DEL VÍNCULO ENTRE
ABUELO Y NIETO
Tras conocer a Brunettino, la vida de Salvatore Roncone cambia de forma profunda y
definitiva. Hasta ese momento, su estancia en Milán había sido una experiencia amarga: la
ciudad le resultaba hostil, la convivencia con su hijo y su nuera era fría y la enfermedad lo
acompañaba como una sombra constante. Sin embargo, la presencia del niño introduce una
luz inesperada en su existencia.
Salvatore comienza a pasar largos ratos observando a su nieto. Le llama la atención su
vitalidad, su forma de explorar el mundo y su manera espontánea de reaccionar ante los
estímulos. Poco a poco, el anciano siente que el niño no lo rechaza, que se muestra
cómodo en su presencia y que responde positivamente a su cercanía. Esta conexión
inmediata refuerza la idea de que existe un entendimiento natural entre generaciones, más
allá de las palabras.
El abuelo empieza a sentir una ternura que no esperaba experimentar a esa edad. La
dureza que había marcado su carácter durante años, forjada por la guerra, el trabajo y las
pérdidas, se suaviza. Brunettino se convierte en una fuente de alegría y en una razón para
levantarse cada día con interés. Por primera vez
...