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Un gobierno para América... Desde América.


Enviado por   •  12 de Agosto de 2016  •  Ensayos  •  1.446 Palabras (6 Páginas)  •  169 Visitas

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Universidad Central Del Ecuador

Facultad De Comunicación Social

Teorías De La Cultura I

Francis Mieles, Octavo “C”

Ensayo Del Primer Hemi Semestre:

“Un gobierno para América, desde América”

¿Es posible imaginar el modelo de estado propuesto por Platón en los países de América? ¿O resulta factible aplicar la teoría de la “ciudad de Dios”, de San Agustín, en la realidad actual del continente? Ciertamente resulta complicado visualizar estados latinoamericanos con propuestas de gobierno de la antigüedad. Pero lo más paradójico se halla precisamente en que son los actuales estados de América los que siguen ejerciendo formas de gobierno propias de Europa y fuera del contexto contemporáneo. Frente a ello se vuelve imperiosa la búsqueda de nuevas formas de ejercer la política pública estatal originada en la realidad del continente americano. Y es por ello que el propósito del presente ensayo radica en la posibilidad de demostrar que dos planteamientos de José Martí y uno de Fernández Retamar son útiles para pensar la política en Latinoamérica; ellos son la necesidad de construir un gobierno propio, la unión de los pueblos y el reconocimiento de la cultura aborigen americana, respectivamente. De esta forma, un modelo de estado pensado desde América, y para América, basado en el contexto específico de sus países, aportará a la solución de sus problemas sociales, políticos y culturales.

Es evidente que en la actualidad son pocas las propuestas de modelos sociales y políticas surgidas en el continente. Un ejemplo de ello es el socialismo, que al ser pensado desde el contexto de Europa, no incluye en sus construcciones teóricas actores propios del continente Americano como los indígenas, mestizos o la realidades sociales de los pueblos originarios del continente; y sin embargo es uno de los paradigmas políticos que más se ha tratado de aplicar en los territorios de América.  A propósito de ello, el escritor cubano José Martí sostiene que:

La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. (Martí, 1977, p. 27).

Lo importante del anterior pensamiento de Martí radica en que es urgente la consideración de las particularidades del continente americano en sus formas de accionar política. No se puede seguir pensando la práctica de la política pública en base a elementos propios de la cultura occidental importada a América. La realidad americana exige especificidades que determinen el rumbo de sus sociedades.

 Por otra parte existen, y existían, modelos en América que habían funcionado en las realidades del pueblo americano para ejercer las formas de control y actividad social y política de los pueblos originarios. En esta línea de pensamiento la obra de Martí, Nuestra América, puntualiza: “… y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está echo su país,…” (Martí, 1977, p. 28). Un caso que vale la pena resaltar a propósito de ello, es la forma de gobierno y vida social de los Incas, en dónde el Inca, gobernante, ejercía una forma de estado en la que los miembros de la comunidad participaban de manera eficiente de los productos del estado, pese a la existencia de jerarquías sociales. Y es que este ejemplo pone en evidencia que el buen gobernante debe trabajar en función del pueblo y en relación directa al mismo, y a los elementos que lo constituyen. De ratifica así la necesidad de consolidar un gobierno propio, y no uno extranjero.

Bajo la misma línea de pensamiento de Martí, se propone la unión de los pueblos como un elemento que permitirá la cohesión social de estos gobiernos, y aprovechar la misma para poder desarrollar y adaptar dichos presupuestos a las formas que la sociedad contemporánea así lo exige, ya que como el mismo autor enfatiza: “… el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante,…” (Martí, 1977, p. 32). Así, no debe confundirse la consideración de los elementos propios como un intento de frenar el desarrollo, pero no el sentido capitalista de la palabra, o como una forma de seguir manteniendo en vigencia estructuras pasadas; sino, aprovechar las mismas para la planificación y ejercicio de un estado responsable para con sus representados.

La separación a la que la tradición occidental ha sometido al continente Americano también es un elemento que juega en su contra. El ideal de los grupos hegemónicos, que generalmente han sido quiénes han propuesto los modelos de gobierno, ha creado diferencias circunstanciales y, por lo tanto, no reales, entre los miembros de los países americanos. Frente a ello, Martí señala oportunamente:

Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que se enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una las dos manos. (Martí, 1977, p. 26).

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