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Fordismo y posfordismo


Enviado por   •  30 de Julio de 2015  •  Trabajo  •  1.831 Palabras (8 Páginas)  •  558 Visitas

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Universidad Nacional del Litoral

Facultad de Humanidades y Ciencias

Licenciatura en Ciencia Política

Globalización y Desarrollo - 1° Cuatrimestre-

Práctico N° 2: “Fordismo y Posfordismo desde la perspectiva de la Escuela de la Regulación”

Año: 2014

Integrantes:

Pamela, Weiss

Rodrigo, Hernández


1) a. Fordismo como Régimen de acumulación:

El régimen de acumulación fordista es de tipo intensivo. En este sentido, Henry Ford no hizo más que profundizar tendencias ya consolidadas desde Taylor (1911): racionalizó viejas tecnologías (e introdujo también innovaciones: la cadena de montaje) y una división preexistente del trabajo especializado, obteniendo con ello grandes incrementos de la productividad del trabajo, es decir, profundizó la reorganización y la mecanización del trabajo.

Lo que separa al Fordismo del Taylorismo radica en que según el primero la producción en masa significaba un consumo masivo, así como también implicaba un nuevo sistema de reproducción de la fuerza de trabajo y una nueva política de control y dirección del trabajo, consecuentemente, un nuevo paradigma de sociedad racionalizada, populista y democrática. Este nuevo tipo de sociedad se podía edificar mediante la aplicación de la fuerza corporativa, esto significaba una reducción de la jornada de trabajo a 8hs –con lo cual se garantizaba el disciplinamiento del obrero para trabajar en la line de montaje, realizando una rutina que no requería las tradicionales habilidades artesanales- acompañada con salarios y tiempo de ocio suficientes, que posibilitaran al trabajador adquirir aquellos productos (producidos en masa) que las empresas lanzarían a los mercados en cantidades superlativas. Esto último implicaba un cambio en la mentalidad del obrero: disciplinarlo en el consumo racional de bienes y servicios que reportaran beneficios a las empresas que producían en masa.

El keynesianismo como Modo de regulación:

Lo anterior, no se vio acompañado por un cambio en el modo de regulación acorde a las exigencias de la producción fordista, por tanto sobrevino una crisis de sobreproducción, una ausencia de demanda efectiva para la producción en masa que hizo colapsar al sistema capitalista hacia 1929-1930. En este marco, la propuesta del economista británico, J. M. Keynes, dotó de una materialización al régimen de acumulación fordista, cabe decir, proporcionó un marco de normas, hábitos, que garantizaron la unidad del proceso.

Keynes sostuvo que para lograr estabilizar el sistema se requería alcanzar un conjunto de estrategias de gestión científica y de fuerzas estatales, por tanto serían los Estados-Nación los encargados de resolver las incapacidades crónicas del capitalismo para regular las condiciones de su reproducción.

b. El Fordismo como régimen de acumulación puede situarse en 1914, en tanto el keynesianismo como su modo de regulación tuvo sus orígenes luego de la gran depresión de 1929/1930; en cuanto al modo de desarrollo fordista-keynesiano se constituyó durante los años 1930 y1940, seguido de un acelerado periodo de expansión durante los años 1950/1960 –la segunda posguerra-, y finalmente tuvo un periodo de contracción en la década de 70’.

c. El periodo de auge del sistema económico capitalista luego de la segunda guerra mundial, estuvo acompañado de una serie de compromisos, reposicionamientos de los actores relevantes del proceso de desarrollo capitalista: el Estado de bienestar, el capital corporativo y el trabajo organizado. En este sentido, un nuevo rol del Estado y la construcción de nuevos poderes institucionales, fueron necesarios para la recomposición del sistema económico mundial; en paralelo, un capital de tipo corporativo que garantizara beneficios seguros colaboró con el equilibrio del sistema, asimismo fue necesario también el trabajo organizado que venía a cumplir nuevos roles y funciones en los mercados de trabajo y los procesos productivos, completó la triada de compromisos fordistas para el periodo iniciado en 1930.

En lo tocante al trabajo organizado, podemos decir, con Harvey, que los sindicatos –como organización de trabajadores en la gran fábrica para la consecución de mejoras laborales y salariales- adquirieron un poder considerable en el marco de las negociaciones colectivas con las industrias, conservando cierto control del personal sobre las especificaciones profesionales, la seguridad y promociones, pero sobre todo contaban con un importante poder de presión en aquellas cuestiones vinculadas a la obtención de beneficios salariales y la seguridad social, vale agregar, beneficios que eran otorgados por los empresarios en virtud de estimular la demanda de los productos masivos. Sin embargo, el sindicado, en paralelo a la lucha por la defensa de sus derechos, colaboraba con el capital corporativo respecto a los planes de productividad: técnicas de producción fordista y estrategias corporativas con la finalidad de aumentar la productividad.

Respecto del capital corporativo, el poder de las grandes fábricas se aplicaba a garantizar ganancias constantes que incrementaran la productividad, aseguraran el crecimiento y aumentaran los estándares de vida, en tanto se reforzaba un piso estable para la obtención de beneficios. Este círculo virtuoso del capital corporativo, implicaba el compromiso de las empresas con los procesos de avance de la tecnología continuos, con la inversión en masa de capital fijo, la mejora en de las capacidades de gestión de la producción y también de la comercialización, y finalmente, la movilización de economías de escala mediante la estandarización de la producción. Estos componentes del círculo conllevaron a la centralización del capital, y dieron lugar al surgimiento de mercados monopólicos y oligopólicos.

En último lugar, el otro socio de la gran coalición era el Estado nacional, en una redefinición del mismo que, junto con el trabajo organizado, harían lo necesario para sostener la demanda efectiva en niveles que pudieran absorber el crecimiento de la producción capitalista. El nuevo Estado debía asumir nuevas obligaciones: intervenir en los ciclos de los negocios a través de políticas fiscales y monetarias, éstas tenían como destino las áreas de inversión pública –en transporte, servicios públicos-, que incentivaban el crecimiento de la producción en masa y el consumo masivo, consecuentemente aseguraban el pleno empleo.

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