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El Caballero De La Armadura Oxidada


Enviado por   •  25 de Enero de 2012  •  10.359 Palabras (42 Páginas)  •  564 Visitas

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EL LENGUAJE DE LOS GESTOS

El Lenguaje de los Gestos

Año, Flora Davis.

ÍNDICE

PRÓLOGO 3

LA CIENCIA INCIPIENTE 4

SEÑALES GENÉRICAS 6

COMPORTAMIENTO DURANTE EL GALANTEO 8

EL SILENCIOSO MUNDO DE CELULOIDE DE LA CINESIS 11

EL CUERPO ES EL MENSAJE 15

EL SALUDO DE UN ANTIGUO PRIMATE 16

EL ROSTRO HUMANO 19

LO QUE DICEN LOS OJOS 24

LA DANZA DE LAS MANOS 30

MENSAJES A LA DISTANCIA Y EN EL LUGAR 33

INTERPRETACIÓN DE POSTURAS 36

RITMOS CORPORALES 39

LOS RITMOS DE LOS ENCUENTROS HUMANOS 44

COMUNICACIÓN POR EL OLFATO 48

COMUNICACIÓN POR EL TACTO 52

LAS LECCIONES INTRAUTERINAS 54

EL CÓDIGO NO-VERBAL DURANTE LA NIÑEZ 59

INDICADORES DEL CARÁCTER 61

EL ORDEN PÚBLICO 66

EL ARTE DE CONVERSAR 70

EL FUTURO 72

AGRADECIMIENTO

Para escribir este libro tuve la ayuda de una gran cantidad de personas. El profesor Erving Goffman, por ejemplo, me inició en el camino de su publicación, durante una entrevista en la que me proporcionó un panorama general sobre este tema. El profesor Ray L. Birdwhistell fue muy generoso con su tiempo y sus sugerencias como lo fueron también los doctores Adam Kendon, Albert Scheflen, y Paul Ekman; las señoras Martha Davis e Irmgard Bartenieff, el profesor William Condon, y los doctores Eliot Chapple y Paul Byers.

Además otras personas me ayudaron considerablemente; respondieron mis interrogantes, me enviaron documentación o me dijeron donde podía encontrarla. Por eso quiero expresar mi gratitud al doctor Christopher Brannígan, a los profesores Edward Cervenka, Starkey Óuncan (h), Ralph Exime, Edward T. Hall, Eckhard H. Hess, Carroll E. Izard, y Sidney Jourard; a los doctores Augustus F. Kinzel y Robert E. Kleck; al profesor George F. Mahl; al doctor Melvin Schnapper; a los profesores Thomas A. Sebeok, Robert Sommer, Silvan Tomkins y Henry Truby; y finalmente a los doctores lan Vine y Harry Wiener.

A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis más calurosos defensores. A Joan Fredericks que, en el punto crucial, me benefició con su experiencia de editora y su consejo.

Por último, mi especial agradecimiento a Rebecca y Jeffrey Uavis, que de tanto en tanto consintieron cariñosamente en atenderse mutuamente y me dejaron más tiempo libre para trabajar.

PRÓLOGO

NOTA PARA EL LECTOR

Pertenezco a la clase de personas que no confía plenamente en el uso del teléfono. No es que considere que el sistema telefónico se esté desintegrando —a pesar de que en ciertas circunstancias da esa impresión—sino que al emplear este medio me parece que no logro saber a ciencia cierta lo que está pensando realmente la otra persona. Si no puedo verla, ¿cómo puedo adivinar sus sentimientos? Y, ¿qué importancia tiene lo que dice si desconozco lo que piensa?

Tal vez fue por esta característica mía que sentí tanta curiosidad cuando, hace más de cuatro años encontré en el "New York Times" una noticia sobre un nuevo campo de investigación: La comunicación no-verbal. Al poco tiempo me encargaron que escribiera un artículo sobre el tema para la revista "Glamour". Cuando terminé el trabajo al cabo de tres o cuatro meses, tuve la sensación de haber tratado el tema superficialmente y que había mucho más que aprender al respecto.

Muy a menudo, cuando escribo un artículo me siento inclinada a cambiar de carrera. Si entrevisto a un antropólogo, termino deseando convertirme en un antropólogo. Si paso una hora consultando a un psicoterapeuta, cuando salgo al ardiente sol de las calles de Nueva York, me pregunto por qué demonios habré elegido ser escritora cuando muy bien podría haber estudiado psicología en la universidad y haber dedicado mi vida a esta profesión. Lo que me fascina no es la carrera, sino el tema en sí.

De cualquier manera, después de haber pasado varios meses en contacto con la comunicación no verbal, el efecto que experimenté, fue más profundo que lo habitual, estaba entregada por completo al tema y no podía soportar la idea de dejarlo. Por lo tanto, durante el siguiente año y medio recorrí universidades e institutos de salud mental, ya que allí se lleva a cabo la mayor parte de la investigación. Tuve entrevistas con psicólogos, antropólogos y psiquiatras; lo que da una pauta de la diversidad de personas que se ocupan del tema. Vi interminables películas en blanco y negro de gente sentada conversando y de gente conversando de pie. Por lo general las pasaban en cámara lenta, de manera que los movimientos corporales y las voces tomaban un aspecto extraño y fantasmal, como si los protagonistas estuvieran debajo del agua. Poco a poco, de tanto mirar las películas, comencé a "ver". No tanto como puede ver un especialista —uno de ellos me dijo que tardaría por lo menos dos años en entrenarme— pero sí mucho más de lo que veía al principio.

Porque ver es el secreto de la comunicación no-verbal. Sugeriría que el lector comenzara la lectura de este libro sentándose frente al televisor. Enciéndalo pero deje sólo la imagen, sin sonido. Le recomendaría los programas tipo conferencia —especialmente los de Dick Cavett y Johnny Carson—. En este tipo de programas la gente se comporta de una manera normal; no "actúa" y las cámaras, al acercarse y alejarse del protagonista, brindan una imagen total del individuo. Al eliminar la distracción que producen las palabras, su primera impresión será la gran cantidad de movimientos que los protagonistas realizan con el cuerpo. En un momento dado, parece que están haciendo demasiadas cosas al mismo tiempo. Una persona levanta las cejas, inclina la cabeza, descruza una pierna, se echa hacia atrás en el asiento, juguetea con los dedos; unos

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