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Mejoras Tus Caminos


Enviado por   •  12 de Enero de 2013  •  3.730 Palabras (15 Páginas)  •  177 Visitas

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MEJORA TUS CAMINOS

Le sugiero, querido lector, (Quizás hermano en la fe en Jesucristo), que preste muy debida atención al contenido de este artículo, ya que así como el fundamento que leerá seguidamente marcó mi propia vida y la signó con un derrotero muy diferente al que traía, así es mi oración que también lo produzca en usted. Es el cumplimiento fiel de dar de gracia lo que de gracia he recibido. Podría decirle que tome su Biblia y lea con atención tal o cual pasaje del libro de Jeremías, pero mi experiencia incluso personal me dice que es mucho mejor incluirlo textualmente aquí para que usted no se distraiga en lo más mínimo y pueda aprovecharlo íntegramente.

(Jeremías 7: 1)= Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: ponte a la puerta de la casa de Jehová, y proclama allí esta palabra, y di: oíd palabra de Jehová, todo Judá, los que entráis por estas puertas para adorar a Jehová.

Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar.

No fiéis en palabras de mentira, diciendo: templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este.

Pero si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y vuestras obras; si con verdad hiciereis justicia entre el hombre y su prójimo, y no oprimiereis al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni en este lugar derramareis la sangre inocente, ni anduviereis en p0os de dioses ajenos para mal vuestro, os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre.

He aquí vosotros confiáis en palabras de mentira, que no aprovechan.

Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis, ¿Vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis; Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones? ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice Jehová.

Andad ahora a mi lugar en Silo, donde hice morar mi nombre al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel.

Ahora, pues, por cuanto vosotros habéis hecho todas estas obras, dice Jehová, y aunque os hablé desde temprano y sin cesar, no oísteis, y os llamé, y no respondisteis; haré también a esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, en la que vosotros confiáis, y a este lugar que di a vosotros y a vuestros padres, como hice a Silo.

Os echaré de mi presencia, como eché a todos vuestros hermanos, a toda la generación de Efraín.

Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré.

¿No ves lo que estos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?

Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira.

¿Me provocarán ellos a ira? Dice Jehová. ¿No obran mas bien ellos mismos su propia confusión?

Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor; he aquí que mi furor y mi ira se derramarán sobre este lugar, y sobre los hombres, sobre los animales, sobre los árboles del campo y sobre los frutos de la tierra; se encenderán, y no se apagarán.

Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne.

Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto.

Mas esto les mandé, diciendo: escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.

Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia delante, desde el día en que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Y os envié todos los profetas mis siervos, enviándolos desde temprano y sin cesar; pero no me oyeron ni inclinaron su oído, sino que endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres.

Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero no te oirán; los llamarás, y no te responderán.

Les dirás, por tanto: esta es la nación que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió corrección; pereció la verdad, y de la boca de ellos fue cortada.

Corta tu cabello, y arrójalo, y levanta llanto sobre las alturas; porque Jehová ha aborrecido y dejado la generación objeto de su ira.

Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice Jehová; pusieron sus abominaciones en la casa sobre la cual fue invocado mi nombre, amancillándola.

Y han edificado lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón.

Por tanto, he aquí vendrán días, ha dicho Jehová, en que no se diga más, Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza; y serán enterrados en Tofet, por no haber lugar.

Y serán los cuerpos muertos de este pueblo para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá quien las espante.

Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa; porque la tierra de Jehová será asolada.

Este sermón, pronunciado a la puerta del templo, es una denuncia de las prácticas corruptas de los que decían que Jerusalén era inviolable porque allí se levantaba el templo de Jehová. Esta creencia se apoyaba en algo ocurrido más de cien años antes, cuando Isaías profetizó que el rey asirio Senaquerib no tomaría la ciudad. Pero los tiempos habían cambiado y Dios deseaba ahora que la ciudad y el templo fueran destruidos, a menos que la gente se arrepintiera y enmendara su conducta.

Hoy está ocurriendo lo mismo. La iglesia se cree inviolable porque la palabra dice que las puertas del Hades no prevalecerán contra ella, pero no dice que, a menos que el pueblo de Dios se arrepienta de su desobediencia y enmiende su conducta a veces corrompida por el humanismo y la religiosidad, el propio Dios no vacilará en borrarlo con juicio, sentencia

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