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El Verdadero Problema De Colombia


Enviado por   •  11 de Marzo de 2014  •  2.753 Palabras (12 Páginas)  •  388 Visitas

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El verdadero problema de Colombia

"Un articulo que todo colombiano debe leer".

Como en primera instancia quiero dejar que esta frase de un distinguido Empresario Colombiano, haga el preámbulo a lo que será un abordaje de la causa del problema en Colombia, "Se siente frustración al percibir en sectores de la sociedad la corrupción que corroe como un mal peor que la propia violencia... Colombia ostenta el vergonzoso segundo lugar en Corrupción en América Latina y el tercer lugar en 52 Países" Citado en el Periódico el Colombiano, 30 de marzo de 2003, Pagina 2b.

En Colombia existen problemas que aun terminándose los conflictos con los grupos al margen de la ley (por la vía del sometimiento), estos problemas continuarían, entre estos tenemos: La doble moral, el doble discurso, Corrupción legalizada, Institucionalización de la mentira, El gran abismo existente entre ricos y pobres, Sociedad clasista, elitista y racista, Una clase dirigente en conspiración con los ricos: arrogantes, egoístas y opresores, Discriminación étnica y social, Estigmatización y Exclusión a la cual están sometidas algunas regiones por la clase dirigente nacional en su mayoría del interior del país.

El fondo de los problemas del país son una cuestión de voluntad, de decisión, de cambio de actitud y mentalidad hacia(...). Los verdaderos problemas del país no son tan materiales: Desempleo, desplazamiento, violencia, terrorismo, delincuencia. Estos son el reflejo de lo que hay en el fondo, Estos son la punta del ICEBERG de un problema eminentemente arraigado en la mentalidad de los individuos, lo cual ha configurado un imaginario social perverso y dañoso. De suerte que los efectos degenerativos(Desempleo, desplazamiento, violencia, terrorismo, delincuencia, entre otros) son mas sentidos que los problemas que subyacen en el fondo.

Nuestros verdaderos problemas están en la mentalidad, de allí que las reglas, las leyes, los condicionamientos no han podido cambiar el perverso proceder. Con las herramientas antes mencionadas se logrará tal vez, el sometimiento temporal del individuo, pero no su consentimiento y voluntad para confiar en que él propenderá por el bien y por una Colombia en paz; puesto que el problema tiene su caldo de cultivo en la mente, de donde se reproduce cada vez que tiene la oportunidad, germina en el suelo fértil de la impunidad, la complicidad, y crece con los nutrientes que le proporciona la conspiración, la intolerancia y el egoísmo. De manera potencial esta sociedad es inclinadamente tendenciosa a la perversidad. No es sino que se haga la ley, para prohibir o controlar algo, cuando ya se crea la trampa; es mas yo pienso que en Colombia, no se aprueban leyes hasta tanto, no se hayan ideado la forma de hacer la trampa a esa ley. Hemos desarrollado toda una industria de la farsa, la hipocresía y la falacia, somos expertos en burlar la ley sin violarla, pero en escandalizarnos cuando lo hacen los demás y descubrir que los demás si la violan.

Dado que el problema no es propiamente material sino mental, sería de lo más conveniente que revisemos nuestros paradigmas, nuestros imaginarios colectivos y todos esos constructos mentales, prejuicios y preconceptos que hemos construido en torno a los demás y para nuestro voraz apetito, esa forma de utilizar al otro solo cuando sirve a nuestros intereses, ese doble discurso de "trabajar por los pobres" solo cuando esto posiciona el nombre en la campaña política. Esa doble moral de organizaciones de ayuda y beneficencia de solo aportar cuando hay catástrofe y están seguras que saldrán por la televisión. Esa doble moral de hacer las leyes para pagar impuestos y dejar una vía de escape(elusión) para el conglomerado empresarial que se representa. Ese doble discurso de una Colombia en donde haya la paz y se respeten los derechos humanos, y condenar a los demás al ostracismo (sálvese quien pueda) y el darwinismo social -si se adapta sobreviva, sino extíngase. No es de extrañar, que existan tantas formas perversas de sobrevivir- unos se adaptan delinquiendo con la violencia, otros se adaptan robando en el erario público, unos se adaptan oprimiendo a los demás y se hacen ricos, otros se adaptan robando el dinero de los contribuyentes, con el cual se hacen ricos y después los humillan, otros se adaptan siendo cómplices de delitos, otros se adaptan conspirando con los ricos para que estos se hagan mas ricos, otros se adaptan haciendo componendas en los tribunales y juzgados para favorecer y obtener grandes sumas de dinero, unos de adaptan extorsionando, otros se adaptan secuestrando, pero ya sea así o de otro manera, todos buscan adaptarse para poder sobrevivir en este DARWINISMO SOCIAL, al cual los ha condicionado el sistema. Todas estas conductas son enteramente reprochables, después de todo, ¿Quién dijo que robarse 1.000 millones de pesos del erario público sea, sea más aceptable QUE lo que hace un ladrón al robarse 500 millones de un banco por medio de un atraco? Toda conducta lesiva en menoscabo de un bien que no es de uno, es altamente reprochable, sin importar el medio que se utilice o la persona que lo haga. ¿Quien dijo que es más loable la conducta del empresario rico que no paga al asalariado, lo que este se merece por su trabajo. (En 5 años de labor (10.000.000), que la conducta del ladronzuelo de la calle que roba 100.000 pesos? Ambas conductas son eminentemente reprochables, pero el imaginario social condena de manera más vil al este ultimo, y quien sale por la cámara de televisión es el ladrón-delincuente de la calle, mientras que el adinerado rico que se apoderó(fraudulentamente) de 10 o 15 millones de pesos asiste al cóctel con la clase empresarial y la clase dirigente, y pretende tener autoridad moral para lanzar juicios contra el ladronzuelo de la calle, y presentarse como paradigma moral, a quien se debe imitar. No es extrañar que ya no sea malo robarle al Estado, pues es un pecado venial que se paga en una casa-cárcel, mientras que el ladronzuelo, comete un pecado capital, que paga en uno de las mazmorras de una cárcel publica. Pero ya sea en una u otra forma como se pretenda adaptarse para sobrevivir, si se hace fraudulentamente es perverso, no importa quien lo haga. No trato aquí de hacer apología al comportamiento salvaje y perverso que muchos ponen de presente en las calles del País, pues la perversidad no se legitima con la perversidad, ni la existencia del mal justifica, la conducta maligna; pero si es bueno dejar claro que el mal es perverso, condenable e inaceptable, no importa si lo hace el ladrón de la calle o el Ministro del Gabinete, no importa si lo hace el delincuente con una arma o si lo hace el Eminente empresario al firmar un contrato leonino para el Estado y para los contribuyentes. No importa si se hace en la calle del cartucho o en Palacio de Nariño,

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