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La Noche Boca Arriba


Enviado por   •  12 de Noviembre de 2013  •  6.008 Palabras (25 Páginas)  •  961 Visitas

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Aproximación Estructural a "La Noche Boca Arriba" de Julio Cortázar

Jhoerson Yagmour

UPEL-Maracay

jhoerson50@hotmail.com

La Noche Boca Arriba, texto narrativo escrito por Julio Cortázar, plantea, desde el espacio ficcional, una dualidad situacional entre dos personajes aparentes: el motorizado que tiene un accidente, y el llamado moteca, que huye de la cacería humana. Junto a esto, la elaboración discursiva y el establecimiento de ciertos elementos de construcción textual presentes a lo largo de todo el relato, los cuales pudiesen dar cuenta de una posible estructura dual y continua en el mismo.

Para el abordaje del ya mencionado texto se utilizará como método crítico de análisis literario, lo establecido en las “Categorías del Relato Literario” de Tzvetan Todorov (1974), el cual mantiene como premisa fundamental la división sistemática y estructural de dos dimensiones afines e interdependientes: la historia y el discurso. Para efectos de este análisis sólo se tomarán algunas de las estructuras de Todorov, lo cual obedece a dos razones: en primer lugar, que cada texto literario es único y singular, por ende no vamos a encontrar en él todas las posibles estructuras y construcciones, y en segundo caso, la selección de los elementos a analizar debe ir en concordancia con los fines del crítico, es decir, el lector asume una postura hipotética respecto a su lectura y esta será dilucidada a través del método analítico, en este caso, mediante el paradigma de Todorov.

La historia en La Noche Boca Arriba

En el nivel de la historia se aborda lo concerniente a la estructura y función de las acciones y personajes del relato en el fondo o en la anécdota contada. Dentro de este nivel, y más concretamente en lo que respecta a la “Lógica de las acciones” encontramos a las llamadas repeticiones, que poseen a la vez subdivisión propia. En el texto encontramos una constante recurrencia a los olores, lo cual nos ayuda a vislumbrar el carácter onírico inmerso en el relato: “Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano,…”. Esta marca nos ayudará a deslumbrar, finalmente, la yuxtaposición de planos ficcionales dentro del texto, pues la recurrencia tiene su valor no sólo en el énfasis que obtiene la repetición de una determinada estructura, sino también en la calidad estética que compromete, en este caso, la constante imagen olfativa sirve para precisar porqué el motorizado nunca soñaba con olores y en el entorno del moteca se hace constante alusión a diversos olores : “Lo que más lo torturaba era el olor” “Huele a guerra, pensó” “Olió los gritos y se enderezó de un salto” “El olor a guerra era insoportable” “Pero olía a muerte”. Ya en esta repetición se nos anuncia la superposición de un plano a otro.

Junto a lo ya referido podemos establecer una antítesis: la contraposición entre el entorno (ficcional) del hospital y el entorno del moteca. Esta antítesis hace posible la construcción de dos planos espacio-temporales distintos y a la vez paralelos, lo cual nos acerca cada vez más hacia la hipótesis de la estructura dual del relato.

Paralelos y antitéticos son también los personajes, pues indiferentemente que el texto proyecte a ambos como en un posible espejeo, son en su constitución antitéticamente figurativos, y además coexisten en una alternancia que demostraremos más adelante. Cabe señalar que este criterio es flexible, pues no encontramos una antagonía estilo “alter ego” en los personajes, por lo que nos parece más una relación paralela, sin embargo, nuestra alusión a lo anitético corresponde a caracteres que se debaten por el espacio ficcional en un universo coexistente.

La gradación es también plausible, al igual que en la mayoría de los textos narrativos, que por su misma configuración llevan causalmente una relación gradual de los acontecimientos y los personajes; es decir, los personajes cambian, al igual que las acciones desde el estado inicial hasta el final, junto con el tiempo y el espacio. En este caso en concreto apreciamos cómo al producirse el choque de planos ficcionales, ambas situaciones gradan, paradójicamente: el recorrido del moteca es “físico”, el del hombre en la camilla es “psicológico”, y a la vez (dependiendo de la perspectiva) es lo contrario, el moteca proyecta “psicológicamente” al motorizado que se desenvuelve en un ambiente “físico” extraño:

Alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. En la mentira de ese sueño también lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras.

Como estructura final dentro de la dimensión de la historia, debemos señalar una última estructura: el ser y parecer, ubicado dentro de “Los personajes y sus relaciones”. En el texto, pareciera a primera instancia que el motorizado, en medio del delirio de la fiebre, sueña al moteca. Pero tal afirmación primaria es ingenua. A medida que el relato avanza, y con ciertos detalles que se nos van presentando sospechamos de tal premisa, y la sospecha es justificada al final del relato, cuando vemos que el moteca no es necesariamente una proyección del delirio, sino que pudiese ser lo contrario. A esta incertidumbre y “juego de disfraces” lo identificamos con el ser y parecer, que va en concordancia con nuestra hipótesis central.

El discurso en La Noche Boca Arriba

El discurso, como es sabido, es la materia lingüística que corresponde a las diversas construcciones textuales que están elaboradas en sincronía con los fines estéticos del autor, y va referido a la técnica narrativa. En este caso, encontramos en el texto lo que Todorov denomina “la visión por detrás” es decir, un narrador superior y externo, omnisciente y omnisapiente. Esta voz narrativa permite el movimiento casi imperceptible por ambos planos ficcionales, el del motorizado y el del moteca:

La almohada era tan blanda, y en su garganta afiebrada la frescura del agua mineral. Quizá pudiera descansar de veras, sin las malditas pesadillas. La luz violeta de la lámpara en lo alto se iba apagando poco a poco. Como dormía de espaldas, no lo

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