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Resumen Del Capitulo 5 Del Libro: Relato De Una Narcotraficante


Enviado por   •  11 de Julio de 2012  •  1.436 Palabras (6 Páginas)  •  1.008 Visitas

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Capitulo 5: La fiesta de la sangre

Moreno busca a los autores que le robaron casi siete millones de dólares, producto de sus transacciones ilícitas, la organización de Moreno realizó no menos de veinte asesinatos de gente vinculada con el narcotráfico en apenas tres semanas de búsqueda. Moreno desató toda la narcofuria de la que era capaz y sin piedad alguna despachó a cuanto inocente no le daba información sobre el robo de su narcotesoro, cuya mayor parte le pertenecía a los narcos colombianos. Pero la misma sangre derramada y ya coagulada fue estrechando un cerco, poco a poco, a los verdaderos autores. Finalmente, la organización logró asesinar a uno de los implicados. Pero junto a ese cayeron tres inocentes que nada tenían que ver con el mundo del narcotráfico.

Un domingo de marzo aún frío en las montañas borincanas, la organización logró ubicar a uno de los robanarcos, Bernard Alfonso, en el pueblo de Gurabo, de donde era oriundo. Y hacia allá partieron dos vehículos de la organización, entre ellos un Honda Prelude rojo utilizado en un ataque anterior. Bernardo era un piquero que por sus contactos en el turbulento mundo de las picas y las fiestas patronales logró enterarse de que un cargamento grande de droga llegaría por el área del pueblo de Patillas. El piquero ya había dado varios tumbes a algunos boliteros del área. Una parte del narcotesoro le pertenecía a los narcotraficantes colombianos y otra era de la organización, de la cual una parte utilizaría como capital de operaciones de la banca de bolita, un juego ilegal fe lotería que Moreno controlaba en esa región.

Bernardo, Cacho y Julito El Duque vigilaron una casa de playa en el sector hasta que finalmente llegó el cargamento de droga. Esperaron muy pacientemente hasta la madrugada y entraron a la casa. La cantidad de drogas que encontraron era grande. Tal vez entre 15 y 20 millones en drogas. Pero más sorpresivo aún fue encontrar el dinero en efectivo y por millones. Por qué ponerse a pescar si tenían frito el pescado sobre la mesa. Se llevaron el dinero, que sumaba casi siete millones de dólares y dejaron la droga. Moreno, desató entonces una casería como no se conoce en otra en los anales de crimen en Puerto Rico. Duró poco menos de un mes y no menos de veinte personas sucumbieron mortalmente cuando no pudieron responder a la pregunta del narcoejército: ¿ Dónde está el dinero? No sé nada. Pues ahí te va eso, ¡pum!, ¡pum!, ¡pum!. Así se cumplía una sentencia sin que los juzgados supiesen cómo se llego a ese veredicto. Bernardo llevó un estilo de vida que llamó la atención de la gente de Moreno en Gurabo. Estos corrieron la voz. Durante toda la semana Bernardo había comprado propiedades y vehículos costosos, dándose la gran vida. En la mañana del domingo este salió para Santa Isabel, junto a Carlos Asunción, quien lo acompañaría. Iban a buscar a Quique Díaz, quien residía en Santa Isabel. Éste y Bernardo verían a un abogado en Gurabo para firmar las escrituras de una finca que le vendió Quique. De regreso a Gurabo desde Santa Isabel, recogieron en el camino a un amigo de Quique, de nombre Juan Feliciano, quien se autoinvitó, sin sospechar que por curiosidad de asuntos ajenos le costaría la vida.

Mientras Bernardo iba de camino a Santa Isabel esa mañana , en Caguas la organización probaba sus armas y preparaba su ataque mortal. Ya se habían dado ordenes a los residentes del caserío de que recogieran sus niños y que cerraran puertas y ventanas. Todos en Gautier Benítez sabían que algo grande ocurría.

La organización localizó en la tarde de ese domingo a Bernardo en el sector Villa Alegre. Carlos Asunción conducía el Mustang rojo, 5 litros , propiedad nuevecita de Bernardo, quien iba a su lado, y en el asiento de atrás estaban Quique Díaz y Juan Feliciano. Se detuvieron en las calles 1 y 2 del sector Villa Alegre Bernardo se bajó y apoyándose de la puerta del vehículo, en el asiento delantero del pasajero llamó voz en cuello a La Nena, una amiga suya. En ese instante entre 3:00 y 3:30 p.m, llegaron dos vehículos, uno blanco y el Honda Prelude rojo. Llevaban en su interior a varios individuos enmascarados, con poderosas armas largas y cortas.

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