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¿Cómo Se Demuestra Que Existe Una Relación Histórica En El Desarrollo Político Y El Desarrollo De Los Conflictos Sociales, Influenciado Por El Desarrollo Del Estado En El Salvador Y Los Diferentes Contextos Tanto A Nivel Nacional Como Internacional


Enviado por   •  8 de Abril de 2014  •  4.262 Palabras (18 Páginas)  •  498 Visitas

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¿Cómo se demuestra que existe una relación histórica en el desarrollo político y el desarrollo de los conflictos sociales, influenciado por el desarrollo del estado en El Salvador y los diferentes contextos tanto a nivel nacional como internacional que han marcado la historia nacional?

Contenido 1:

Antecedentes de las reformas liberales en El Salvador y la configuración sociopolítica de finales del siglo XIX: 1830-1900.

• Caudillismo, clientelismo y conflictos armados.

Luego que la sociedad pasa por el periodo que va del fin de la Federación Centroamericana a las reformas liberales, no había aun estructuras gubernamentales firmes por lo que no existían instituciones del estado y menos leyes, tradiciones electorales ni democracia. En consecuencia a esto la figura política más importante era la del caudillo. Los caudillos eran los principales dirigentes políticos y militares ya fueran liberales o conservadores, generalmente eran militares por lo que los cambios de gobierno dependían de ellos y sus rivalidades.

En cuanto a ejércitos, no eran permanentes; el líder caudillo reclutaba su milicia en ciertas ocasiones para un propósito específico, no estaban bien entrenados ni bien armados.

El caudillismo era un sistema de clientelismo pues lo que unía al caudillo con sus seguidores no eran ideas políticas en común, sino más bien lealtades personales que funcionaba en sistema de pirámide, en el primer nivel estaban sus seguidores con influencias locales, pues al mismo tiempo que lo seguían extendían su influencia por el territorio.

Los caudillos llegaban al poder por la fuerza, usaban la violencia y la amenaza de violencia al igual que la manipulación de las elecciones para lograr sus objetivos políticos. Cuando el caudillo llegaba al poder, sus seguidores tenían acceso a los cargos públicos.

“El primero de los caudillos locales de El Salvador fue Francisco Malespín quien gobernó desde 1840 hasta 1845. Primero indirectamente, a través de los presidentes Norberto Ramírez, Juan Lindo (quien fue presidente de El Salvador y Honduras) y Juan José Guzmán, y a partir de 1844 directamente como presidente, sin embargo a los pocos días de asumir el poder, Malespín decide invadir Nicaragua y dejó al mando al general Joaquín Eufrasio Guzmán.”

“Como todos los países habían salido de un antepasado común que fue la Federación, el caudillismo en Centroamérica se combinó con la intervención frecuente de un gobierno en la política del estado vecino. Durante la Federación se habían establecido relaciones de amistad y de clientelismo entre diferentes personalidades políticas que luego gobernaron en diferentes partes de Centroamérica.

Francisco Morazán, nacido en Honduras, había sido una figura prominente en Honduras, luego en Guatemala, después en El Salvador y por un breve tiempo en Costa Rica. Esto quiere decir que tenía seguidores (y enemigos) en todos estos países y sus seguidores se mantuvieron en comunicación entre sí. Otros políticos también tuvieron trayectorias en varios países. “

Estos antecedentes hicieron posible que, los caudillos, a la hora de buscar apoyo, lo hicieran no solo en sus países si no también en cualquiera de los otros estados de la antigua Federación y es por eso que los problemas locales de los caudillos terminaban siendo intervenidos por otros países de la región. Como consecuencia a lo anterior las guerras dadas en estos años no eran guerras entre países ni entre los ejércitos de países si no más entre Caudillos y los ejércitos a sus nombres, así fueran conservadores o liberales.

• Las bases de la República agraria (1870-1900)

“El estudio del pasado nos demuestra constantemente que las transformaciones económicas nunca

Vienen solas. Van acompañadas de cambios políticos, sociales y culturales. Tanto las primeras inciden en las segundas como estas en aquellas. Aunque en determinados momentos históricos habrá una predominancia de lo económico, ello no debería llevarnos a subestimar la importancia de lo social y lo político, así como la de las ideologías que sustentan dichas transformaciones.

…los cambios económicos que se dieron en El Salvador a partir de 1870, con el fomento de la agroexportación, produjeron los cambios sociales y políticos más dramáticos desde los tiempos de la Conquista española, trescientos cincuenta años antes.

Estos cambios se han conocido como “reformas liberales”. Lo que tales reformas impulsaron con mucha fuerza, básicamente a fines del siglo XIX, fueron algunas medidas que ya venían planteándose a finales del siglo XVIII: separación entre Iglesia y Estado, secularización de la enseñanza y formación de trabajadores agrícolas propietarios de parcelas, entre otros aspectos. Al asumir una ideología liberal, es decir, la creencia en la separación de poderes, en la representación popular basada en el sufragio ciudadano, en la idea del “pueblo soberano”, en una economía de propietarios individuales, las elites políticas y económicas salvadoreñas buscaron construir una República agraria con modelos políticoculturales importados de las potencias que en ese momento reflejaban más aquellos ideales: Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos.

Sin embargo, no solo estas elites o el Estado fueron los únicos protagonistas de la historia; también participaron otros actores, aceptando o resistiendo, impidiendo o no, como indígenas, campesinos, municipalidades, la Iglesia, etcétera; quienes, de alguna manera fueron afectados por las decisiones de los otros. Justamente esta será una fuente potencial de muchos conflictos, sobre todo al buscarse cambios sin los debidos consensos.”

• Bases económicas y sociales de la República agraria.

En El Salvador a finales del siglo XIX se dio un cambio que jugó un papel importante para el desarrollo económico, fue la incorporación de nuevas actividades productivas en el área rural, como fueron el café y la minería, aunque fue hasta después de 1855 que el café se convirtió en un negocio rentable. Documentos de comienzos del siglo XIX mencionan la producción del café a pequeña escala por parte de los indígenas de occidente y de otros individuos que buscaban expandir su producción. Estas actividades se promovieron por personas de distintos sectores sociales, especialmente por miembros de una élite emergente.

Estos nuevos empresarios y productores buscaban beneficiarse de las oportunidades que les daba el incorporarse en los mercados de exportación y en el mercado interno, siempre y cuando aumentara la producción de pieles, azúcar, plata y granos como el maíz y el frijol.

De todos los productos de exportación, el café fue el de mayor crecimiento y el que generó más ganancias, a pesar que para finales de la década de 1860 el añil lo superaba con mucha ventaja y no fue sino hasta 1879 que el valor de las exportaciones del café sobrepasó al del tinte y lo desplazo casi por completo.

El crecimiento de la producción cafetalera en El Salvador se debía tanto a factores técnicos y económicos como a políticos y se vio beneficiada por el establecimiento de los servicios de vapores con regiones del mundo que deseaban comprar productos agrícolas, este crecimiento no hubiera sido posible sin que países de Europa y Norteamérica empezaran a consumir el café en cantidades tales que hicieron del café un producto de consumo popular. Como resultado muchos países de Centroamérica vieron las puertas abiertas y decidieron integrarse al mercado mundial del café.

Por su parte el Estado promovió la producción del café con las políticas económicas liberales que comenzaron en la década de 1870 pues los liberales tomaron el poder.

Es importante mencionar que los grandes empresarios, comerciantes y agricultores así como los pequeños productores no centraron su actividad económica en un solo cultivo, también recurrían al cultivo de granos, frutas y otros productos, como una estrategia para subsistir.

Fue así que a fines del siglo XIX muchos de los grandes productores o exportadores de café utilizaban sus ganancias para comprar tierras ganaderas, producir azúcar, prestar dinero y hasta invertir en actividades urbanas e industriales.

El gobierno nacional junto a gobiernos municipales y juntas agrícolas departamentales repartieron miles de árboles de café a diferentes productores de todas clases sociales, al mismo tiempo que privatizaron tierras para que fueran usadas en la producción de artículos de exportación; Por el contrario los campesinos y agricultores que no participaban directamente en la economía de exportación por razones financieras , falta de recursos o tierras inadecuadas, no fueron siquiera tomados en cuenta.

Además claro está que no todos los empresarios lograrían convertirse en un adinerado latifundista capitalista, los que poseían menos recursos no lograron una estabilidad por lo que quebraron. En estos casos, cuando el individuo no era capaz de mantener el cultivo del café las tierras eran transferidas a otro que si pudiera.

Para quienes salieron más beneficiados la economía les permitió (injustamente) utilizar la tierra y el trabajo de la población campesina para engrandecer sus riquezas sin pensar en como se verían afectados los campesinos, los pequeños comerciantes y productores. Además se les facilitaron las oportunidades para viajar a otros países y enviar a sus hijos a estudiar fuera de El Salvador.

Con forme el café fue creciendo como cultivo principal, el estado fue aumentando su necesidad de tierras, pues las que poseían y las que habían privatizado en un principio las habían dado prácticamente regaladas, cuando estas se acabaron se buscó una nueva forma de obtener tierras, comenzaron quitando las tierras comunales, que eran las que tenían los indígenas para sus cultivos y las tierras ejidales que pertenecían a la iglesia.

Fue así que en 1881 el presidente Rafael Zaldívar decreto la extinción de las tierras comunales y en 1882 la abolición de los ejidos con el argumento de que estas tierras eran un obstáculo para el desarrollo de la economía y el progreso del país.

Con la privatización de tierras y la extinción de ejidales y tierras comunales el estado buscaba también solventar la demanda de mano de obra que provendría de la masa campesina, indígenas e inmigrantes pues sin tierra y sin recursos se verían obligados a trabajar en fincas para otro bajo el sistema de colonato. Para este fin también se llevo a cabo la promulgación de disposiciones contra la vagancia (ley).

La ley contra la vagancia exigía que los hombres tuvieran que portar una boleta en la que se indicaba para qué finca trabajaban. Esta boleta era pedida por las autoridades y quien no la portara era llevado preso y entregado a un finquero para que trabajara.

En conclusión el aumento en la producción del café, otros productos agrícolas y la ganadería significó:

1. Un mayor acceso a bienes de primera necesidad.

2. Un aumento en el nivel de consumo de bienes importados y manufacturas locales.

3. Para algunos comerciantes y productores ciertas riquezas.

4. Para los comerciantes más pequeños, riesgo de perder sus pertenencias por falta de recursos y deudas que no podían pagar.

5. Un medio excluyente en cuanto a repartición de tierras.

• Hacienda pública, desigualdad impositiva y construcción de infraestructura.

Desde la década de 1880 empezó a dársele más importancia a las necesidades y demandas de los productores, exportadores e inversionistas del café y de otras actividades conexas a la agro exportación pues estos eran los grupos más poderosos del país, como consecuencia los gobiernos de turno buscaron la manera de financiar las actividades del Estado sin molestar con mayores impuestos a los productores y exportadores de café. Como ejemplo tenemos los “auxilios civiles” si bien no eran eficientes, eran económicos ya que sus servidores trabajaban sin sueldo.

Pero como el estado buscaba fortalecerse y estabilizarse buscó la manera de incrementar los recursos materiales como más infraestructura: carreteras, puertos, ferrocarriles, telégrafos y teléfonos.

El estado comenzó por depender de los impuestos de importaciones los cuales pasaban por los principales puertos de la República (La Libertad, Acajutla y La Unión).En estos puertos, el Gobierno estableció aduanas que se encargaban de cobrar derechos de importación a la mayoría de los productos que ingresaban al país.

En medida que la producción del café aumentaba, también lo hacia la exportación de productos elaborados en Europa y Estados Unidos. Por lo que los impuestos en 1870 representaban el 60 por ciento de todos los ingresos del Estado salvadoreño.

Luego, además de los impuestos de exportación, se impusieron algunos impuestos internos , el más importante fue el “estanco de aguardiente”, este pretendía que la producción y venta de licores solo se realizara con permiso estatal y pagando los impuestos correspondientes al Tesoro Nacional. El estanco de aguardiente proporcionó entre una quinta y una cuarta parte de todos los ingresos del Estado durante los años de 1870 a 1910.

Otros impuestos que Estado también adquiría ingresos de la venta de papel sellado, timbres y de las ganancias obtenidas gracias al monopolio de la pólvora y del telégrafo, de igual manera los impuestos directos que debían pagar todos los hombres adultos del país.

Telégrafo de Morse (1835)

Había otros que jornaleros y campesinos debían pagar, pero tenían dos opciones: pagar en dinero o pagar con trabajo.

“Por ejemplo, la construcción de vías de comunicación dependió en gran medida del llamado “impuesto de caminos” que se cobraba a todos los hombres adultos del país. Este impuesto variaba de acuerdo con la clase social del contribuyente, pasando desde varios pesos que pagaba un jornalero hasta 50 pesos que le tocaba a un hacendado o gran propietario. Pero si un jornalero o un artesano pobre no disponían del efectivo en el momento, tenían que pagar el impuesto trabajando gratuitamente durante tres días al año en determinadas obras públicas.”

Con estas estrategias el gobierno lograba cumplir sus funciones de control social, y de desarrollo de la infraestructura sin tener de tocar directamente los bolsillos de los grandes cafetaleros.

Así se mantuvieron, el presupuesto del estado aumento, pero claro dependiendo siempre de los altibajos en los precios del café y del comercio internacional en general, algo totalmente fuera del control del Gobierno salvadoreño. Fue hasta 1914-1918 en la Primera Guerra Mundial que el Gobierno tuvo que aumentar los impuestos y recortar sus gastos para poder equilibrar el presupuesto nacional.

El dinero que ingresaba al Tesoro Nacional se usó en dos gastos principales del estado durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX: ejército y la deuda pública.

En el ejército se invertía al menos la quinta o cuarta parte de todo el gasto pues parecía importante la necesidad de una buena preparación militar ante los conflictos que se daban a veces entre los países del istmo y por la función policíaca que cumplía. Tomando también en cuenta que todos los presidentes hasta 1911 fueron individuos con grado militar (a excepción de Rafael Zaldívar) por consiguiente se buscaba favorecer a la institución para asegurar su lealtad.

En cuanto al pago deuda pública correspondía a la tercera o cuarta parte de los gastos del Estado durante los años de 1880-1910. Esta proporción alta se bebía a que el gobierno se disponía a gastar más de lo que recaudaba y por lo tanto recurría a pedir prestado para poder cancelar todas sus cuentas. La deuda se hacía más grande pues conforme prestara se acrecentaban los intereses más el capital que debía pagar.

No está demás percatarnos que entre el ejército y la deuda pública se llevaban más de la mistad de todo el presupuesto del estado y que en ningún momento se incluía la educación o la salud en las principales preocupaciones. Aunque se pueden mencionar algunas campañas de vacunación y un seis por ciento del presupuesto en educación pública, fue algo muy deficiente.

En cuanto a la tecnología de la época 1882 las poblaciones más importantes de toda la república contaban con telégrafo y gracias a esto, se facilitó la comunicación con el resto del mundo, así los cafetaleros estarían al tanto de los precios del café en el mercado mundial. El gobierno, por su parte podría enterarse de cualquier suceso que surgiese en cualquier punto del territorio nacional.

“…, por ejemplo, cuando en 1884 los indígenas de Izalco se sublevaron, el presidente Zaldívar, gracias al telégrafo, conoció los hechos casi al mismo tiempo en que ocurrían, lo que permitió al Estado movilizar rápidamente las tropas y controlar la situación.”

Por otra parte los gobernantes se dieron cuenta que tanto el control político y social como el crecimiento económico, dependían también de una adecuada red de comunicaciones y es así como a partir de 1870 se propusieron la renovación y modernización de los escasos y limitados transportes existentes en El Salvador.

Los gobernantes se vieron en la necesidad de vincular la zona cafetalera con los puertos pues era indispensable para el crecimiento de las exportaciones del café. Esto se hizo por medio de una red de caminos que uniría la región central y occidental con los puertos de Acajutla y La Libertad.

También querían construir un ferrocarril y muelles para los puertos, pues era necesario para transportar el café a los puertos y llevar las importaciones a las ciudades, pero ambos costaban mucho dinero.

La solución para el gobierno fue invitar a compañías extranjeras para que se instalaran en el país y construyeran estas obras por cuenta propia, ofreciéndoles concesiones atractivas para poder importar sus productos y equipos sin pagar impuestos.

“La empresa inglesa Salvador Railway Company construyó el ferrocarril que une a San Salvador con las ciudades de Santa Ana, Sonsonate, Ahuachapán y Acajutla. Posteriormente la empresa norteamericana International Railways of Central America (IRCA) completó en 1920 la línea férrea que une al oriente del país con San Salvador y que llega hasta Metapán, para conectarse con los ferrocarriles guatemaltecos propiedad de la misma empresa.

Otra inversión importante que se dejó en manos de una empresa extranjera fue la electrificación de San Salvador. En este caso, una empresa canadiense, Canadian Power and Light, fundó la Compañía de Alumbrado Eléctrico de San Salvador (CAESS) para generar y distribuir electricidad en la ciudad capital.

Las concesiones que los Gobiernos hicieron a empresas extranjeras para la construcción de la infraestructura nacional no estuvieron exentas de problemas. Periódicos como El Pabellón Salvadoreño denunciaba, hacia 1886, la poca transparencia con que la administración de Francisco Menéndez llevaba a cabo algunas concesiones. Criticaba el “misterio” de la construcción del ferrocarril que unía Sonsonate con Santa Ana. Igualmente, denunciaba el despilfarro de la hacienda pública, pues había pagado 5 millones de pesos por un proyecto que costaba tan solo 600 mil. También le exigía a la compañía de minas de Metapán el 10% y no el 5% de ganancias para el Estado.”

El telégrafo, el ferrocarril, los muelles en los puertos y los vapores fueron las primeras manifestaciones visibles de un progreso material que terminó uniendo las diversas regiones del país e integrando a El Salvador más profundamente a la economía mundial.

A pesar que todos estos logros beneficiaron a los empresarios y productores de café, la imposición fue desigual pues mientras los poderosos se beneficiaban sin pagar, los que pagaban no recibían beneficios.

• Café, elites y sociedad urbano rural.

“La expansión del café durante los últimos veinticinco años del siglo XIX estuvo acompañada de significativos cambios en las condiciones de vida y de trabajo de la población salvadoreña. La sociedad en su conjunto tuvo que ajustarse a nuevas realidades, producto de una profunda transformación de las actividades económicas. Obviamente, no había sucedido lo mismo en el pasado con otros productos agrícolas, como el cacao y el añil que también habían tenido su auge.

Ahora era distinto por las dimensiones de las exportaciones y lo que representaba el café en términos de ingresos, impuestos y empleo. La importancia que adquirió era tal que al configurar el perfil del Estado daba paso a una nueva sociedad, lo que no había podido lograr la política desde la Independencia. ¿Cuánto era de bueno para el país? ¿Eran las bases que garantizaban la armonía social del futuro?

Sabiendo ahora lo decisivo que fue ese momento histórico,… se analiza el impacto que tuvo la producción y exportación de café en los diversos grupos de la sociedad salvadoreña de entonces, tanto en las zonas rurales como urbanas.

Con el desarrollo de la caficultura, la diferenciación social aumentó significativamente, es decir, la brecha entre ricos y pobres se hizo más profunda. Pero, también se añadieron nuevos grupos medios, urbanos y rurales, que contribuyeron a conformar una estructura social más compleja y, en definitiva, más moderna. Como es el caso de la clase media citadina que tendrá un protagonismo político destacado.

Visto en sus justas dimensiones, la caficultura financió casi enteramente la inversión social realizada, de la cual se benefició una buena parte de la población salvadoreña, pero al mismo tiempo la concentración de las tierras y haber colocado la actividad del Estado en función de sus intereses limitó las posibilidades existentes a otros sectores nacionales. Algo que será percibido con suficiente claridad por los grupos que no contaron con el mismo apoyo. Por tanto, junto al desarrollo de unos pervivirá el atraso de otros, germinando así la semilla de la discordia.”

• Nacimiento de la oligarquía cafetalera.

Una pequeña porción de la población se enriqueció como nunca antes lo pudo haber imaginado.

Este grupo estaba compuesto por los principales inversionistas y comerciantes, especialmente los que participaron en la expansión de los productos de exportación principales, como el café y el azúcar. Familias como los Álvarez, Araujo, Dueñas, Duke, Gallardo, Regalado, Guirola, Meardi, entre otras, formaban esta elite.

Listado de los terratenientes más importantes de El Salvador

que formaron " las catorce familias" de la oligarquía cafetalera .

FAMILIA OLIGARCA EXTENSIÓN DE LA PROPIEDAD

(EN MANZANAS)

Dueñas 32520

Guirola 28403

Sol 15830

Daglio 11711

Samayoa 9011

Giannmattei 8074

Salaverría 8136

Borgonovo 7000

Gutiérrez 6999

Cristiani 6365

Weight 5900

Deinninger 5720

Orellana 5372

Umaña 5329

Regalado 5184

Sol Mollet 4264

Romero Bosque 4100

Duke 4056

Hernández 3738

Meardi 3678

Rengifo 3440

Morán 3374

Jerez 3368

Saca 2845

Dalton 2755

Bendiz 2312

Meza Ayau 1774

Muyshondt 1408

Este pequeño grupo de familias que gracias a la caficultura lograron reunir importantes fortunas (dinero, propiedades, haciendas etc.) Procedía de dos vertientes de terratenientes y comerciantes: la primera era de un grupo que había acumulado riquezas (capitales y otros recursos) mediante la producción añilera y la otra, un grupo de inmigrantes europeos atraídos por la expansión del café buscando engrandecer sus fortunas.

Estos inmigrantes que vinieron a invertir sus fondos en la producción, el financiamiento y la exportación del café fueron rápidamente aceptados e incorporados por el sector más adinerado de la población, también llegaron a ser partícipes del poder a través de alianzas matrimoniales, relaciones de negocios y la participación activa en la política del país.

Los estratos más bajos del grupo dominante lo formaban los campesinos enriquecidos aunque en muy pocos casos con mucho esfuerzo, sacrificio y la explotación de los recursos de sus propias comunidades campesinas, con el tiempo algunas familias campesinas fueron enriqueciéndose hasta convertirse en terratenientes acomodados.

La rápida expansión cafetalera en el siglo XIX se vio acompañada con el fin de las guerras centroamericanas en las que cada facción de la elite salvadoreña participó tratando de imponer sus propios intereses. Cuando las confrontaciones pararon, se dieron las condiciones para acelerar la siembra del café a gran escala y la imposición un nuevo proyecto de desarrollo.

Las actividades económicas ligadas a la caficultura estaban en el poder de la clase dominantes, se hacían cargo de grandes fincas cafetaleras, y en algunos casos de la exportación del café.

Pero una acción que le reporto la mayor ventaja fue el financiamiento de la actividad económica: el dinero que se prestaba al productor pequeño o mediano producía ganancias considerables.

“En las últimas décadas del siglo XIX, el productor, para conseguir financiamiento, debía comprometerse a entregar su cosecha a quien le prestaba el dinero para producir, esto es, en lugar de cancelar su deuda en dinero, la pagaba en café, cuyo precio era determinado unilateralmente por el pequeño grupo financiero que controlaba los préstamos. Casi siempre se pagaba el café entregado por el productor a un precio bastante inferior al del mercado internacional.

Si el productor acumulaba deudas que no podía pagar, el acreedor se posesionaba de sus tierras o

las vendía para recobrar su inversión, de tal forma que la incapacidad de pago por parte de los productores fue uno de los mecanismos que permitió al grupo dominante acumular mayores extensiones de tierra. Los productores más débiles (los más pequeños) eran los que con mayor frecuencia se veían obligados a entregar sus tierras al financista o bien venderlas para saldar la deuda”

Los terratenientes también dependían de los préstamos para producir, se vieron obligados a compartir sus ganancias con los financistas. Precisamente fue el asunto del financiamiento la causa de mayores divisiones dentro del grupo dominante. Los grandes productores pedían cambios en el sistema de financiamiento del café y hasta se aliaron con los productores medios y pequeños con el fin de adquirir más fuerza para enfrentar al sector más poderoso del grupo dominante. Durante varias décadas, los integrantes de esta alianza lucharon por la creación de un banco estatal que prestara dinero a una tasa de interés razonable y permitiera mayor flexibilidad en los pagos, especialmente en tiempos de crisis. No fue sino hasta el año de 1934 cuando los productores vieron culminada su lucha con la creación del Banco Hipotecario de El Salvador.

En lo relativo al trato para los trabajadores agrícolas, el grupo completo dominante estaba de acuerdo. La política a seguir consistía en obligar a los jornaleros a trabajar con el máximo de sus medios posibles y pagar los más bajos salarios que fuese posible pagar. Por supuesto, los terratenientes no concebían la existencia de derechos laborales, tales como seguros por enfermedad o accidentes de trabajo, y descartaban toda iniciativa de los trabajadores para transformar las relaciones laborales. Estas relaciones de trabajo asalariado a menudo resultaban en conflictos, ya fueran individuales o colectivos.

En los diarios de la época, con cierta frecuencia se registraban casos de hacendados, administradores y capataces que, misteriosamente, aparecían asesinados en los solitarios caminos. También, los juicios criminales de entonces permiten apreciar la violencia que caracterizaba las relaciones cotidianas entre los peones y los altos empleados de las fincas y haciendas.

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