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La etica del cuidado


Enviado por   •  6 de Agosto de 2018  •  Ensayos  •  1.056 Palabras (5 Páginas)  •  19 Visitas

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Cuando somos pequeños y nuestros padres o nuestros más cercanos nos preguntan ¿qué quieres ser cuando grande?, de inmediato respondemos, médico, veterinario, multimillonario, etc. Cuando somos niños no tenemos miedo al fracaso o no sabemos lo complicado que puede llegar a ser la vida, solo vemos que nuestros sueños o metas personales están muy cerca de poder cumplirse, no sucede lo mismo con  las personas que se van haciendo mayores, ya que van desilusionándose de la vida y van perdiendo el interés de su existencia.

Unas de las decisiones que he tomado en mi vida es ser enfermera ese es mi sueño, mi meta, sin embargo estoy consciente de que esto implica una gran responsabilidad pues trabajaré con seres humanos, con personas de carne y hueso que sufren y sienten, por lo tanto uno de mis objetivos es evitar el daño y el mal y velar por tener un mundo mejor, debo ser capaz de tomar en consideración a quienes están en una situación de mayor vulnerabilidad por ejemplo las personas cuyas condiciones de vida supongan una mayor dificultad para la búsqueda del bienestar, ya sea por sus características psíquicas, físicas o por los rasgos de su entorno. Debemos ser capaces de reconocer en el otro a una persona no a un objeto y de darnos cuentas con solo mirarlo que es lo que necesita sin que haga falta que el paciente lo exprese con palabras pues es tan grande la relación paciente-enfermero que su fascie nos dirá todo y levinas lo expresa cuando dice “el rostro habla, la manifestación del rostro es ya discurso”.

Más allá del deber, de la prudencia, del respeto están la atención, la confianza, la empatía, la compasión, la solidaridad con la persona que sufre. He presenciado como profesionales de la salud se olvidan de que están cuidando a personas y se refieren a ellos como el de la cama 2, o el del TU retro peritoneal, esto de algún modo vuelve vulnerable al paciente pues se refieren a ellos como objetos y no los llaman por su nómbrelo que a mi parecer es un acto poco humano, ya que nada cuesta tratarlos como se merecen pues a ninguno en su situación le gustaría que lo traten así, sin embargo esto me da más fuerzas para seguir en este arduo camino y en un futuro lograr que esto cambie. Más allá de nuestra profesión somos responsables de aquellas personas que nos necesitan y que confían en nosotros pues merecen ser cuidados, entendidos y reconocidos.

Cada persona, cada ser humano es único e irrepetible por lo cual tienen necesidades distintas que debemos ser capaces de reconocer para así poder brindarles un cuidado íntegro y centrado en su persona, esto solo se logra si por un momento nos olvidamos de nosotros y nos preocupamos realmente por el otro, lo ayudamos y lo acompañamos estableciendo una relación con ellos esperando que se recupere y se mantenga bien. Al establecer esta relación con los pacientes lo que les suceda nos afectará directa o indirectamente pues somos nosotros los que les brindamos los cuidados para su recuperación.

Muy cierto es lo que expresa el filosofo Knud Ejler Logstrup “tenemos el espíritu vital de los demás en nuestras manos”. Esta frase tiene mucho sentido, ya que nuestros pacientes confían plenamente en nosotros en que nuestros cuidados les aliviaran el dolor y somos responsables de nuestros actos que repercutirán en el paciente ya sea como compañía o como sustento. La confianza que nos entregan es la base de la relación que se forma, tenemos en nuestras manos las herramientas para actuar y debemos elegir la opción más adecuada siempre pensando en el bienestar del paciente, en conservar su dignidad y en hacerlo con respeto, no abandonarlo porque puede existir abandono no solo por parte del equipo de salud, sino que de la familia y la comunidad y es ahí donde debemos estar atentos y actuar, puesto que somos seres sociables no podemos vivir en la soledad o en el abandono necesitamos de los otros para poder vivir, interactuar. Comprometerse con edificar confianza y confiabilidad con el prójimo, de manera que la construcción de lealtad hacia el otro es lo que permite que el amor natural no sea restringido socialmente por intereses ideológicos para que se practique menos, de un modo sesgado o que directamente no sea sancionada su traición.

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