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La cuestión de la Ficción y la literatura

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Enviado por   •  9 de Octubre de 2018  •  Apuntes  •  1.677 Palabras (7 Páginas)  •  10 Visitas

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA



CATEDRA DE TEORÍA LITERARIA



FICHA REALIZADA POR la Dra SUSANA ROMANO SUED


La cuestión de la Ficción y la literatura

        Esta cuestión la abordamos en dos dimensiones diferentes, aunque conexas:

  1. Aspecto contractual:
  • debemos establecer que lo ficcional, es decir, aquello que opera “como si”, que participa de la cualidad del juego, proviene de un contrato. Según Rainer Warning, el discurso ficcional es esencialmente un discurso jugado, actuado, que presupone, sienta de antemano los roles del lado del autor y del receptor. Esto quiere decir que el criterio de ficcionalidad es esencialmente pragmático: se basa en una presuposición pragmática, es un contrato entre autor y lector y dicho contrato es parte componente de las respectivas convenciones del género. Como se ve, este aspecto se inscribe, por un lado, en la dimensión “recepción” del fenómeno literario. Podemos inscribir en el juego ficcional, por medio de un pacto implícito o explícito, un fenómeno y, a partir del mismo, operar las distancias críticas propias de la experiencia: tomar una crónica policial del periódico y colocarla entre cuentos en una antología. Y a la inversa, una situación de ficción, que no “habla claro” respecto de su carácter, puede minar la operación crítica y provocar acciones no pertinentes a un contrato de ficción. Piénsese en el conocido caso del programa de radio que conducía Orson Welles y que una vez, sin anunciarse con las señales habituales (por ejemplo, un saludo particular, el título del programa, la referencia al texto que se leería, su título y autor o el capítulo respectivo, es decir, las fórmulas convenidas para instituir la parte del contrato, en este caso, el capítulo de La guerra de los mundos de Wells) comenzó dando la noticia de una invasión de extraterrestres. La audiencia lo creyó un anuncio periodístico, es decir, información real, y entró en pánico colectivo, se generaron confusiones y desesperación que en algunos casos condujeron a suicidios.

Para apartarnos de los ejemplos narrativos, supongamos que alguien ingresara repentinamente a un cuarto donde otro estuviera recitando un poema dialógico (dirigido a un tú explícito) y se sintiera increpado y compelido a una respuesta instantánea. Se trataría otra vez de un pacto no establecido o no asumido de ficcionalidad, que opera fuera de la conformación específica que pueda tener un texto, si bien sería más difícil confundir un soneto clásico con un acto “real” de un hablante en una comunicación cotidiana, que un texto, aún lírico, de otro tipo de configuración, como puede ser un poema de tipo coloquial. Esto nos permite hablar de “grados de ficcionalidad”, los que tienen que ver con el tipo y complejidad de los textos que circulan en el horizonte literario de una cultura en un momento dado de su historia.

  • Así vemos que hay una convención con respecto a lo que se tiene por ficcional y a lo que se tiene por real. Y esto vale para fenómenos que exceden el marco literario: ficciones religiosas, ficciones jurídicas. Dentro de cada práctica social hay contratos establecidos que se dan por supuestos y en cuyo marco tienen lugar las producciones y recepciones de ficción. Las colectividades humanas, entre sus muchos códigos creados, como los ya señalados, religioso y jurídico, producen también códigos consagrados como imaginarios, gobernados asimismo por convenciones contractuales. Todas las mitologías, las fantasías, las creencias operantes en una comunidad, que están convenidas como tales, componen lo que podríamos llamar el imaginario social, distinto para cada época, para cada cultura, para cada sociedad. Ahora bien, la literatura abreva en toda clase de referentes, tanto en los considerados imaginarios, como en los que una cultura tiene por reales y ese abrevar y componer luego en un objeto (obra literaria) nuevo con rasgos transformados propios y peculiares, es lo que hace el carácter modelizante de la literatura (Cfr infra).

Sin pretender dar cuenta de la discusión acerca de lo que es lo real, para salirnos de la postura tradicional que opone la realidad a la ficción, (lo cual implicaría un tratamiento exhaustivo de la noción de realidad y sus implicaciones filosóficas) podemos decir, junto con Wolfgang Iser, que lo real en el contexto de lo literario, debe ser entendido como lo extratextual, precede al texto como algo dado y que por regla general constituye sus campos de referencia. Estos pueden ser tanto sistemas de sentido, sistemas sociales e imágenes del mundo, como también otros textos en los cuales se proporciona una organización o bien una interpretación de la realidad. En consecuencia, lo real se determina como la multiplicidad de discursos.

  1. Aspecto estructural:

Esto nos lleva a otro aspecto de lo literario, a su constitución intrínseca, es decir al aspecto que Tzvetan Todorov llama estructural. Siguiendo a este autor y a Iuri Lotman afirmamos que, genéricamente, el arte es una imitación (Mimesis) diferente según el material que se use; la literatura es imitación por el lenguaje, así como la pintura es imitación por la imagen. Pero con esto hemos dado cuenta de la actividad constitutiva en la producción del arte. Pasemos ahora a la materia prima.

Veamos la literatura y su materia prima, la lengua. La lengua, sistema complejo de signos, es una construcción en la cual los signos que representan a los objetos de una manera sintética y económica (es decir, que son Modelos de la realidad) están correlacionados y son interdependientes. En tanto que conjunto de modelos de la realidad y siendo esta última el objeto original que es reproducido en el modelo, el sistema de la lengua es entonces un sistema de modelización primario, modeliza, representa por primera vez la realidad por medio de signos. Así vemos que lo que sirve de materia prima a la literatura, la lengua, ya es resultado de una complejísima y larguísima operación. Entonces, siempre, según Lotman, la literatura, toma esa materia prima y la trabaja, la modeliza por segunda vez. De manera que la literatura –y los demás lenguajes estéticos- constituye un sistema de modelización secundario. Pues los signos adquieren, en el lenguaje estético, además de la significación primaria, otras significaciones nuevas, representadas de una manera económica, que remiten a universos múltiples, a veces imposibles de ser representados por otros medios. Con breves perfiles la literatura construye complejísimos y completísimos universos.

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