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Peinados Modernos Y Antiguos


Enviado por   •  22 de Abril de 2012  •  7.750 Palabras (31 Páginas)  •  981 Visitas

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El siglo XVIII fue un siglo de elegancia. Nunca las formas de vestir y los estilos de peinado de la gente fueron tan suntuosos, tan elaborados y artificiales. Lo que no pudo lograrse con el cabello natural, fue aumentado con pelucas. Esta época fue una explosión de exhibición de peinados a cual más extravagante, una reacción totalmente contraria al pudor y recato de los siglos anteriores. El cabello se puso a tono con el estilo "rococó", que fue el estilo preponderante hasta casi el final del siglo. Era un estilo artístico en el que predominaban las curvas en forma de "ese" y las asimetrías, que enfatizaban el contraste. Un estilo dinámico y brillante, donde las formas juegan y se integran en un movimiento armonioso y elegante. Un estilo de acuerdo a una época de nuevas ideas filosóficas, como el Iluminismo, y a la afluencia de riquezas económicas que llegan a Europa por los viajes al nuevo continente, América. Se crean nuevos órdenes sociales; además del clero y la nobleza, una burguesía pujante de nuevos ricos y gente que hace fortuna y se posiciona en las esferas sociales y políticas, y que imita en todas sus costumbres a los nobles. Un estilo de acuerdo a una época en que la ciencia se independiza cada vez más de la religión, consigue logros espectaculares y desarrolla por consecuencia una tecnología que dará paso a una imparable revolución industrial. La gente de esa época creía que vivía en el mejor de los mundos posibles. A fin del siglo, los estilos artísticos y culturales cambian; surge un estilo que se llama "neoclásico" y es mucho más sobrio y conservador, con un regreso a las estéticas griega y romana clásicas.

El uso de pelucas en los hombres comenzó a ser muy popular a fines del siglo XVII, durante el reinado en Francia de Luis XIV, el Rey Sol. Toda su corte comenzó a usar pelucas, y como Francia dictaba la moda de Europa en esa época, su uso se extendió al resto de las cortes del continente. En 1680 Luis XIV tenía 40 peluqueros que diseñaban sus pelucas en la corte de Versailles.

Desde 1770, el uso de pelucas se extendió también a las mujeres. Y a medida que los años pasaban, las pelucas se fueron haciendo más altas y más elaboradas, especialmente en Francia. Las pelucas masculinas eran generalmente blancas, pero las femeninas eran de colores pastel, como rosa, violeta o azul. Las pelucas indicaban, por su ornamentación, la mayor o menor posición social de quien las usaba. La gente de fortuna podía costear, lógicamente, diseñadores más caros y más variedad de materiales. Se hacían por lo general con pelo humano, pero también con pelo de caballo o de cabras. La condesa de Matignon, en Francia, le pagaba a su peluquero Baulard 24.000 libras al año para que le hiciera un nuevo diseño de peluca todos los días.

Cerca de 1715 se comienzan a empolvar las pelucas. Las familias tenían un salón dedicado al "toilette", donde se empolvaban diariamente y acondicionaban. Se espolvoreaban con almidón de arroz o de papas. Para la operación de empolvado, hecha por un peluquero, solían cubrirse el rostro con un cono de papel grueso.

LOS BARBEROS SE VUELVEN PELUQUEROS

Los barberos, además de cortar y peinar el cabello y la barba, venían practicando diversas operaciones quirúrgicas y extracciones dentales. En 1745 una ley en Inglaterra les prohíbe estas prácticas y los autoriza solamente a cortar y arreglar los cabellos. Esto provoca la ruina de muchas barberías y la falta de trabajo para muchos barberos en Europa, pues similares leyes son promulgadas en Francia y otros países. Pero el auge de las pelucas crea la demanda de nuevos profesionales: los fabricantes y diseñadores de pelucas, quienes además se encargarán periódicamente de arreglarlas, perfumarlas y retocarlas.

Ya desde fines del siglo del siglo anterior se habían creado sindicatos o uniones de peluqueros, y exigían a los profesionales pagar una tarifa y dar un examen de aptitud para desempeñar la profesión. En este siglo la industria de las pelucas crece y se vuelve importante, creando nuevos trabajos y fuentes de ingresos para gran parte la población.

A su vez esto afecta a la industria de los sombrereros, pues los hombres dejan de usar sombreros por lucir sus pelucas y deben fabricarse nuevos estilos de sombreros que puedan acondicionarse a las pelucas. La mayor parte del pueblo, digamos un 80% de la población, no usaba pelucas, sino su pelo natural, sin demasiado arreglo. Pero sólo el porcentaje que cubría la nobleza y la alta burguesía movilizaba una industria destacada en la época.

EL ROBO DE PELUCAS EN LA CALLE:

William Andrews, un escritor inglés del siglo XIX, Nos cuenta que los robos callejeros de pelucas en el siglo XVIII eran comunes. Y las pelucas, en sus días de gloria, eran carísimas. Había que caminar con mucha atención para no perderlas. No obstante todas las precauciones, los robos de pelucas eran frecuentes. Era famoso este modo de operación: un un niño era transportado sobre una bandeja de carnicero por un hombre alto, y el niño agarraba la peluca en menos de un segundo. Cuando el dueño, desconcertado, miraba hacia todos lados, un cómplice le impedía avanzar con el pretexto de asistirlo, mientras el "carnicero" escapaba.

A principios del siglo, los estilos de cabello de los hombres son mucho más suntuosos que los de las mujeres. Todavía entonces está de moda el "estilo Luis XIV", con grandes bucles y el pelo sobre los hombros. Cuando termina el siglo, la tendencia se revierte: las mujeres lucirán exuberantes pelucas, de 50 a 80 cm. de alto, y más, que se usarán inclusive para conmemorar con sus diseños celebraciones y aniversarios. Estas pelucas femeninas traían algunos problemas: los marcos de las puertas tenían que ser elevados o reconstruidos para que pudieran pasar, y en muchas ocasiones la presión de las pelucas demasiado pesadas les causaba inflamaciones en las sienes. Sobre la mitad del siglo, el nuevo rey de Francia, Luis XV, impone un estilo de pelucas más pequeñas para los hombres y el riguroso empolvado blanco o preferentemente grisáceo. Los hombres también usan desde mediados del siglo una cola de caballo en la nuca, atada con una cinta, estilo que se vuelve muy popular en todas las cortes. Las mujeres continuarán con sus estilos extravagantes hasta la llegada de la Revolución Francesa, donde todo el lujo y la exuberancia queda prácticamente anulado por las nuevas ideas republicanas. A partir de allí, los peinados serán más clásicos y sencillos y volverá a usarse el pelo natural.

En realidad, a pesar de que es divertido pensar que las mujeres usaban estas pelucas inmensas en su vida cotidiana y en las fiestas a donde iban, la realidad

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