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VERTIENTES DE LA FILOSOFIA


Enviado por   •  21 de Noviembre de 2014  •  2.493 Palabras (10 Páginas)  •  506 Visitas

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INSTITUTO DE POSGRADOS Y ESTUDIOS SUPERIORES IPS INSTITUTO A.C.

CAMPUS POZA RICA.

ASIGNATURA

FILOSOFIA DEL PENSAMIENTO HUMANISTA CONTEMPORANEO

TEMA

VERTIENTES DE LA FILOSOFIA HUMANISTA

DOCENTE

LIC. ELIZABETH SANTES GARCIA

ESTUDIANTE

JORGE EDUARDO DELGADO AVILES

POZA RICA DE HGO. VER

21 DE OCTUBRE DEL 2014

INDICE

• INTRODUCCION.

• DESARROLLO DE LAS VERTIENTES DE LA FILOSOFIA HUMANISTA.

• HUMANISMO MARXISTA.

• HUMANISMO CRISTIANO.

• CONCLUSION DEL ENSAYO

INTRODUCCION

VERTIENTES DE LA FILOSOFIA HUMANISTA

MARXISMO Y CRISTIANISMO

El término "humanismo" ha sido utilizado con diferentes significados durante la Modernidad. En el Renacimiento se aplicó este término a la tendencia de convertir al hombre en el centro del universo y meta de todo pensamiento; en el Romanticismo del S. XIX se identificó con las corrientes intimistas e irracionalistas que pretendían rescatar al hombre de su disolución en la civilización tecnológica; en el periodo contemporáneo se identificó con diversas reflexiones acerca del destino del hombre, muy relacionadas con el fracaso de la era tecnológica del S XX para resolver los grandes problemas de la humanidad y traer la felicidad universal prometida por la ciencia. Se define un humanismo "marxista", que nace de la propia reflexión de Marx acerca del hombre como hacedor de su propia historia; un humanismo teológico relacionado con el pensamiento cristiano contemporáneo que intenta reforzar una ética personal a partir de las doctrinas religiosas; y por último el llamado humanismo "existencialista", resultado de una progresión de la Fenomenología a la luz de los acontecimientos de la primera mitad del S XX. El presente trabajo pretende abordar toda la historia de esta corriente filosófica a la luz del marxismo y mostrar su importancia y aplicación vigente hoy en la práctica médica.

Reflexionar acerca del hombre, de su lugar en el enigmático universo para hacer tangible su propia esencia, captarla en el movimiento histórico como condición necesaria para comprender el escenario obligado en el cual se desarrolla es atribución sostenida en su historia, del pensamiento filosófico.

La mirada racional hacia la naturaleza adquiere valor significativo sólo en función del hombre, que trata de descifrar sus secretos subjetivándola para objetivarse en la misma como producto supremo de la propia naturaleza. La filosofía en tanto que la indagación y búsqueda de la verdad como condición que justifique su propia legitimidad - cualesquiera que sean sus problemáticas específicas, lleva en su propia estructura teórica el problema del hombre, las relaciones entre los individuos que tienen diversas motivaciones en cada etapa de su desarrollo.

Muchas son las interrogantes acerca del hombre. Cómo surge, cuál es su esencia, cuál es la relación entre el individuo y la sociedad, bajo cuáles condiciones y causas se enfrenta la naturaleza, cuál es su sentido de la vida, cómo y por qué se mueve de forma pendular entre virtudes morales y comportamientos negativos como son la ambición personal y el egoísmo. También se reflexiona acerca del valor humano de la muerte como fatalidad ineludible.

Todo ello da cuenta de la magna tarea que tiene el pensamiento para hacer diáfana la propia existencia humana.

El Humanismo Marxista parte de la comprensión del hombre concreto, lo considera como un ser transformador y portador de un sistema de relaciones, la esencia real humana es el conjunto de sus relaciones sociales, y la producción de bienes materiales, su núcleo. , donde la transformación de las relaciones sociales constituye la base para la lucha en su posible emancipación. Convirtió al humanismo en una concepción científica y posibilitó el paso del hombre abstracto al real.

La interpretación del Cristianismo en clave humanista se desarrolla en la primer mitad de este siglo como parte de un vasto proceso —que comienza en el siglo pasado y se continúa hasta nuestros días— de revisión de las doctrinas cristianas a fin de adaptarlas al mundo moderno; un mundo con respecto al cual la Iglesia católica había adoptado, durante siglos, a partir de la Contrarreforma, una posición de neto rechazo o de abierta condena.

A partir del Renacimiento, la autoridad espiritual de la Iglesia, que por mil años había sido la depositaria de la visión cristiana en Occidente, fue declinando cada vez más en un crescendo de eventos epocales: la cultura del humanismo invierte la imagen que el cristianismo medieval había construido del hombre, la naturaleza y la historia; luego la Reforma protestante divide a los cristianos de Europa; en el Seiscientos y sobre todo en el Setecientos, las filosofías racionalistas, que se habían difundido entre las clases cultas, ponen en discusión la esencia misma del cristianismo. En el Ochocientos, las ideologías liberales o socialistas de trasfondo científico, que se desarrollaron paralelamente a la expansión de la revolución industrial, conquistan el rol de guía en la organización de la sociedad y en la definición de sus fines e ideales que hasta ese entonces había desempeñado la religión, dejándole a ésta un rol marginal. Finalmente, en este siglo, la rápida difusión del ateísmo, que se transformó rápidamente en un fenómeno de masas, pone en peligro la sobrevivencia misma de la Iglesia como institución.

Para no dejarse arrollar, la Iglesia se vio obligada a abandonar progresivamente la visión del mundo que había heredado del Medioevo y la defensa del orden social ligado a ella. Este proceso de apertura y modernización sufrió durísimas resistencias, cambios de rumbo y replanteos.

En el tortuoso acercamiento de la Iglesia al mundo moderno, la encíclica Rerum Novarum de León XIII de 1891 constituye un hito fundamental.

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