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Educacion Al Borde


Enviado por   •  6 de Abril de 2014  •  1.210 Palabras (5 Páginas)  •  163 Visitas

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HABLEMOS TAMBIÉN DE POBREZA, CORRUPCIÓN, SEGREGACIÓN Y OTRAS COSITAS

Eduardo Andere

Hoy no escribiré sobre la reforma constitucional de la reforma educativa del gobierno entrante. No es una reforma de fondo; simplemente constitucionaliza lo que viene haciéndose desde el final del gobierno de Fox. Es una reforma que nada sobre la ola de un movimiento corporativista internacional que considera que la mayor culpa de los fracasos, o la mayor tarea de los retos educativos le corresponde a las escuelas y a los maestros. De allí el afán por medir, evaluar y exigir.

El modelo de medición de desempeño de estudiantes, maestros y escuelas, adoptado con tanta vehemencia por quienes no entienden el fenómeno educativo y menos del aprendizaje, no funciona. Debemos cambiar de raíz la propuesta estatal, o dentro de seis años diremos lo mismo que hace seis años.

La mala educación en México no se debe a los maestros. Ni siquiera al Sindicato, ni a la televisión per se. Todo ello es preciso atender y arreglar; pero no son la causa del efecto. Las raíces de la mala educación de los mexicanos son más profundas.

Es muy fácil desde el escritorio de un par de funcionarios o legisladores públicos, con base en series de datos, y no más, señalar culpables, imponer premiados, y hacer conjeturas de la calidad educativa. Estos programas como ENLACE o Evaluación Universal, son simplistas o inocentes. Ni la educación ni el aprendizaje se pueden evaluar, y menos premiar, con base, sólo o principalmente, en pruebas estandarizadas.

Se tiene que ser totalmente miope como para pensar que un educando o un maestro puede ser evaluado por un lector óptico de respuestas y clasificado por un programa de software, diseñado e interpretado por personas que nunca han conocido o conocerán a las personas que evalúan o examinan. En todos, absolutamente todos los casos de evaluación educativa, debemos tomar en cuenta la historia de vida que acompaña al niño como estudiante y al adulto como maestro. No es una historia de números, que son sólo unos de tantos insumos, sino una narración hilada de análisis, pensamiento crítico y juicio, sobre las condiciones, características, acciones y resultados de cada persona.

Vamos, cada uno de nosotros lo vivimos, como padres de familia. Reflexionemos por unos momentos: ¿si mi hijo obtiene mejores resultados en matemáticas que los de mi hija, merece ser premiado?, ¿es mi hijo mejor estudiante o persona que mi hija porque salió con notas más altas en ENLACE, en matemáticas o en español?, ¿y qué sucede si mi hija tiene mejores resultados en arte, salud, composición creativa o esfuerzo, dedicación y método de trabajo?, ¿no debería premiarla también? ¿Debería castigarlos, si no lo hacen bien; quizá cerrarles la puerta de su habitación?, ¿debería olvidarlos porque sus habilidades demostradas no son las del siglo XXI de números y letras? O de plano, ¿por qué mejor no publico en Internet, o en Facebook, o mediante un mensaje corto de Twitter, que uno de mis hijos salió mejor evaluado que otro? Nunca hacemos eso y si lo hiciésemos, no sólo estaríamos cometiendo un injustificable error de buena paternidad, sino una enorme infracción ética.

Bueno, bajo la misma lógica, ¿qué les hace pensar a los intelectuales de todo, a los políticos y administradores públicos, a los secretarios nacionales de educación (y varios estatales), a los líderes empresariales, a los expertos en estadística pero no en aprendizaje, que no hacemos eso exactamente con nuestros niños y sus maestros, cuando los metemos a un esquema de evaluación con base en pruebas estandarizadas y luego los exhibimos o los premiamos? Mi opinión es que sí debemos evaluar, pero no así.

Cuando las autoridades y los autollamados líderes sociales o los

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