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Reporte: EL LABERINTO DE LA SOLEDAD Octavio Paz


Enviado por   •  16 de Noviembre de 2015  •  Resúmenes  •  1.931 Palabras (8 Páginas)  •  221 Visitas

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Reporte: EL LABERINTO DE LA SOLEDAD

Octavio Paz

Comienza hablando de los adolescentes y la suerte, por así decirlo, de tener toda la vida por delante, el adolescente “queda suspenso un instante ante la infinita riqueza del mundo”. El adolescente puede reflexionar y asombrarse de lo que es. También explica que es mejor que el adolescente sólo viva el día a día y no se preocupe, porque es ahí cuando pierde la esencia, y que después tendrá tiempo de pensar en nuevas circunstancias que le generaran nuevas experiencias y reacciones. Enseguida cambia el tema a lo que es la mexicanidad, la cual no se mezcla pero tampoco se opone, que se balancea en el mundo nortemaericano y lo relaciona con las personas de nacionalidad mexicana que se encuentran en Estados Unidos y que a pesar de vivir por mucho tiempo allá, siguen sin mezclarse con los nativos de aquel país por diversas circunstancias como la ropa, la lengua, entre otros. Nuevamente cambia de tema a los “Pachucos”, y los define como “bandas de jóvenes, generalmente de origen mexicano, que viven en las ciudades del sur y se singularizan por su vestimenta, conducta y lenguaje” y que tienen esa voluntad de no volver a su origen mexicano pero tampoco mezclarse con los estadounidenses y menciona que mientras, otras comunidades como los “negros” todo el tiempo luchan por pertenecer y evitar ser perseguidos.

Comienza, después, a tocar el tema de que los mexicanos somos personas solas, que nos encerramos en nosotros mismos y que nos sentimos distintos; nos compara con los americanos que, a diferencia, el mundo son ellos, ellos lo han creado, es un espejo de ellos, y dice que algunos pretenden que la diferencia es la economía. Dice que para los nortemaericanos, el mundo es algo que se puede crear, cambiar y perfeccionar y tienen confianza en su supervivencia; para los mexicanos el mundo es algo que se puede redimir.

“Es posible que lo que llamamos pecado no sea sino la expresión mítica de la conciencia de nosotros mismos, de nuestra soledad”.

Dice que lo máximo para el hombre es poder ser otro hombre. El mexicano es alguien que se encierra y se defiende de todo, que entre la realidad y su persona establece una muralla; el mexicano está lejos del mundo y lejos de sí mismo y esto es ya un mecanismo automático.

Menciona a la mujer, que es simplemente un reflejo de la voluntad y querer masculinos; es un símbolo de preservación de la raza y sólo en algunas ocasiones y por obra del sufrimiento, logran trascender y tener los mismos atributos que el hombre.

Dice que la simulación y la mentira son muy importantes en nuestra vida diaria, nos escondemos, nos volvemos “eco”, no pretendemos a engañar a los demás, sino a nosotros mismos y fingimos quienes somos, y todo el tiempo tenemos que seguir modificando el personaje que fingimos ser, hasta que este se mezcla con lo real. Nuestras mentiras reflejan lo que no somos y lo que queremos ser.

“El ninguneo es una operación que consiste en hacer a Alguien, Ninguno. La nada de pronto se individualiza, se hace cuerpo y ojos, se hace Ninguno”. Entonces Ninguno es, la omisión de Alguien, la omisión que está presente.

Menciona al solitario mexicano que ama las reuniones, pues después de tanto fingir y esconderse, es ahí, en ese único momento en el que interrumpen la marcha del tiempo, en el que se puede abrir a los demás, explotan, es el momento en el que deja de fingir y es finalmente él mismo. Tenemos un sin número de festividades y los recursos y tiempo que gastamos en festejar. En ciertas fiestas el orden desaparece, desaparecen las jerarquías, las distinciones sociales, los sexos. A través de las fiestas, la sociedad se libra de las normas que se han impuesto. Todos forman parte de la fiesta. Cambia drásticamente el tema a la muerte, para decir que si nuestra muerte carece de sentido, tampoco lo tuvo nuestra vida. Cada quien tiene la muerte que se merece. Si no morimos como vivimos, entonces no vivimos la vida que debíamos; recalca que para los antiguos mexicanos, la muerte no era mal vista ni había problema en mencionarla, como para el habitante de Nueva York, París o Londres que es una palabra innombrable; nosotros abrazamos la muerte, nos burlamos de ella y la respetamos. La muerte moderna es algo inevitable, natural.

Retoma el tema de la mujer diciendo que es un enigma; así como es fecundidad, es muerte. Para Rubén Darío es el misterio supremo.

Vivimos en un mundo de técnicos. El obrero pierde su estado social y toda relación humana pues nada le pertenece, pero también los técnicos, al final, ambos son asalariados y ninguno tiene conciencia de la obra que realiza. La propaganda obedece al mismo sistema. Difunde verdades incompletas y esto se convierte en teorías políticas, verdades absolutas para las masas.

Los hechos históricos están teñidos de humanidad, de problematicidad. “Lo que distingue a un hecho histórico de los otros hechos es su carácter histórico. O sea, que es por sí mismo y en sí mismo una unidad irreductible a otras. Irreductible e inseparable. Un hecho histórico no es la suma de los llamados factores de la historia, sino una realidad indisoluble. Las circunstancias históricas explican nuestro carácter en la medida que nuestro carácter también las explica a ellas. Ambas son lo mismo”.

Luego explica la palabra “Chingada”. Explica quiénes son los hijos de la chingada (todos los que no son nosotros mexicanos), quién es la chingada (la madre) y dónde es la chingada (la Nada). “Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado”.

El mexicano no quiere ser ni indio, ni español. Tampoco quiere descender de ellos. Los niega. Y no se afirma en tanto que mestizo, sino como abstracción: es un hombre. Se vuelve hijo de la nada. Él empieza en sí mismo”. Así comienza más o menos el tema de la Conquista. Si la Independencia corta los lazos políticos que nos unían a España, la Reforma niega que la nación mexicana en tanto que proyecto histórico, continúe la tradición colonial. La Reforma es la gran Ruptura con la Madre. Esta separación era un acto fatal y necesario, porque toda vida verdaderamente autónoma se inicia como ruptura con la familia y el pasado. Pero nos duele todavía esa separación. Aún respiramos por la herida. De ahí que el sentimiento de orfandad sea el fondo constante de nuestras tentativas políticas y de nuestros conflictos íntimos.

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