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TENDENCIAS PEDAGÓGICAS DELAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS CREADAS A PARTIR DE 1867


Enviado por   •  7 de Noviembre de 2012  •  4.812 Palabras (20 Páginas)  •  1.262 Visitas

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TENDENCIAS PEDAGÓGICAS DELAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS CREADAS A PARTIR DE 1867

Para 1867 los liberales habían vuelto a vencer, pero hacia falta que se fortalecieran asegurándose un cambio en las conciencias de los ciudadanos del futuro, tarea que sólo podía llevarse a cabo a través de un medio único: las escuelas.

A las materias de la primaria elemental moral, lectura, escritura, gramática, aritmética, sistema de pesos y medidas y canto, se le agregaba el estudio de las leyes fundamentales del país. Asimismo en la instrucción primaria elemental y perfecta se exigía el estudio de la constitución y de la historia del país. Sin duda se pensaba que esto era suficiente para sentar las bases que permitirían la derrota espiritual del clero. Por supuesto la falta de fondos y el caos que vivieron de inmediato impidieron que se llevaran a cabo los planes.

Los liberales habían perdido gran parte de su fe en la simple libertad y aunque la constitución iba a seguir garantizando la libertad de enseñanza, se iba a operar un cambio de espíritu que llevaría a un control mayor de la educación por el estado.

Había que hacer algo más que iluminar las conciencias; aprovechar la juventud cuando las ideas “hacen una impresión profunda” lo que ocasiona que sea un “fenómeno muy raro el que un hombre se desprenda de lo que aprendió en sus primeros años”. Para mejorar al pueblo, había dicho Mora, hay que arrancar resueltamente el monopolio que el clero tiene en la educación pública, por medio de la difusión de los medios de aprender y “la inculcación de los deberes sociales”.

El 15 de julio de 1867, entraba Juárez en la Ciudad de México y apenas unos meses después se formaba una comisión para discutir las condiciones de una ley de instrucción. Estuvo formada por Francisco y José Díaz Covarrubias, Pedro Contreras Elizalde, Ignacio Alvarado y Eulalio María Ortega y prescindida por Gabino Barrera. De sus trabajos resultó la ley orgánica de Instrucción Pública del 2 de Diciembre de 1867. La instrucción a la ley es muy expresiva del espíritu que la originaba.

Establecía la instrucción primaria “gratuita para los pobres y obligatoria en términos que expondrá el reglamento”. Desde luego excluía toda enseñanza religiosa del plan de estudios.

En los planteles se aludía a “deberes de las mujeres en sociedad”, “de las madres en relación a la familia” o de moral, a secas. Eso de moralizar al pueblo es discreta alusión al catolicismo: ni la iglesia ni ninguna religión eran indispensables para la existencia de una ética social. La ley reglamentaría apareció el 24 de enero de 1868 y lo importante era que, aunque estaba dirigida al Distrito y Territorios Federales, tuvo, como otras con el mismo radio de vigencia, resonancia en todo el país.

Según Gabino Barreda, la escuela iba a desempeñar un papel sumamente importante ya que sería la que daría la base homogénea de la educación profesional: No basta para uniformar esta conducta, con que el gobierno expida leyes que lo exijan… para que la conducta práctica sea, en cuanto cabe, satisfactoriamente armónica con las necesidades reales de la sociedad, es preciso que haya un fondo común en verdades de que todos partamos.

Según Barreda la ley de 1867 era perfecta para lograrlo. Por un lado, la extensión que planteaba dársele a la instrucción elemental, combatiría “la principal y mas poderosa demora que detiene a nuestro país en el camino de su engrandecimiento… la ignorancia”. Por otro lado con la creación de la enseñanza preparatoria, se proporcionaba una educación uniforma y a una edad apropiada para fijar bien las ideas al grupo selecto que continuaría su educación adelante, del cual seguramente saldrían las clases dirigentes.

Los liberales habían llegado a la conclusión de que para tener paz había que tolerar al catolicismo, aunque cuidando evitar que éste interviniera en política. De ahí surgiría la idea de la escuela laica.

El positivismo venia realmente a desplazar la enseñanza religiosa, que había resistido a todos los intentos reformistas hasta ese momento.

El 15 de mayo de 1869 aparecía la reforma a la ley orgánica de instrucción pública. Lo importante era acelerar la adopción del principio de la instrucción primaria obligatoria que, a decir de Díaz Covarrubias, era principio “muy discutido, muy contrariado todavía en este siglo, en casi todos los países cultos”.

El peso de la nueva responsabilidad que el Estado se había empeñado en tomar en sus manos era de dimensiones increíbles. En vísperas de la revolución de Ayutla, el número de escuelas sostenidas por el Estado era irrisorio; se multiplicaron rápidamente.

En el informe del ministro Baranda en 1843, se registraban 1310 escuelas primarias. En 1857 se registraban 2424 escuelas. De las 4570 que existían en 1870, casi la mitad era una realización del esfuerzo liberal. Para 1874 Díaz Covarrubias menciona 8103 escuelas primarias, de las cuales, 5567 eran para niños, 1594 para niñas, 548 mixtas, 124 para adultos, 21 para adultas y 249 sin clasificación.

Era minúscula para las necesidades de la república, con aproximadamente 1 800 000 niños en edad escolar y con sólo 349 000 en la escuela. 603 eran sostenidas por la federación y los estados, 5240 por las municipalidades, 378 por cooperaciones o individuos particulares, 117 por el clero católico u otras asociaciones religiosas, 1581 eran privadas de paga y 184, estaban sin clasificar. Es decir, de 2016 escuelas particulares, sólo 117 estaban directamente dirigidas por asociaciones religiosas.

Los liberales empezaron a dar un impulso importante a la educación femenina, Díaz Covarrubias hacia ver la instrucción primaria como la materia prima para discutir y para conducirse en el mundo y debe estar igualmente a disposición del hombre que de la mujer.

Ignacio Ramírez consideraba que la mujer tenía la personalidad religiosa y la civil, y sólo le faltaba la política por la influencia que forzosamente tenía en la educación infantil. Sin duda la escapaba a los intereses de la República restaurada la importancia de educar al indígena. Su ambición suprema era arrancarlo de las garras de la Iglesia.

Ramírez pensaba que, “debían saber lo que hoy saben todos los pueblos ilustrados”.

Durante la presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada se incorporaron las leyes de Reforma a la Constitución y se promulgó la Ley de Adiciones y Reformas del 25 de septiembre de 1873 que, definitivamente, se oponía a la existencia de órdenes religiosas. Además establecía el laicismo en todo el país mediante el decreto del 10 de diciembre

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