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Tema acerca de Incidencia en el entorno


Enviado por   •  25 de Enero de 2016  •  Biografías  •  3.055 Palabras (13 Páginas)  •  164 Visitas

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La Navidad de un Preso

De A. López Muñoz (Adaptación)

Personajes:

Preso (NATHÁN), Soldado, Martha (hermana del preso), Rabí, Nohemí, Ana, Madre del Preso,  Mago 1, Mago 2, Mago 3, Pastor 1, Pastor 2, Pastor 3, Pastor 4, Ángel, Jovencita, José, María.

Cuadro I

(La escena representa una cárcel, un preso aparece detrás de una reja, agarrado a los barrotes y en actitud de honda tristeza. Se encuentra solo).

PRESO: ¡Qué vida más triste! ¡Es preferible mil veces la muerte…! Humedad, oscuridad, cadenas, hambre y todo por robar unos míseros panes… y por el maldito tributo al odiado imperio de Roma que nunca he podido pagar.  Algún día caerá esa bestia de imperio junto con ese César miserable y despreciado.

(Entra el soldado)

SOLDADO: ¿Qué hablas perro judío? Te he dicho que no quiero oírte hablar. Un judío como tu no tiene derecho a nada.

PRESO: Olvidas soldado que mi pueblo no estará siempre sometido al poder de Roma. Y yo algún día seré libre a pesar de todo lo malo que he cometido.

SOLDADO: ¡Calla! ¡Judío despreciable! ¿Cómo te atreves a decir semejante cosa? ¿Cuándo un vil gusano se ha atrevido a desafiar al águila poderosa? Ustedes siempre serán lo que son, gusanos asquerosos, esclavos miserables. Todos debían estar en la cárcel, sin libertad.

PRESO: Soldado, tengo hambre, ¿me darán algo que comer? El frio y el hambre acabarán conmigo. Aunque he sido muy malo, estoy arrepentido porque he escarmentado ya mucho tiempo en esta miserable celda.

SOLDADO: Hoy solo tendrás tu ración de pan y agua, y eso… más corta que otras veces, pues tenemos más ladrones como tú, que le roban tributo al divino César y pan a sus propios hermanos. Ya no alcanza el alimento. Además, si fuera por mí, te dejaría morir de hambre. ¿Qué más merecen ustedes los judíos? (Sale).

PRESO: Quizá tenga razón… Mejor me sería morir. Tal parece que no hay salvación, nunca tendré mi libertad. Aunque recuerdo las viejas historias de nuestros Rabinos que nos hablaban de un Libertador… va, puras parlerías tontas, han pasado tantos siglos y no se han cumplido.

(Entra el Soldado burlonamente).

SOLDADO: ¡Toma! Aquí está tu ración. Es una comida como para un príncipe. ¡Ja, ja, ja! (El preso tiende la mano para tomarla, el soldado la retiene un momento). Ten cuidado que no me toces, podrías mancharme las manos, tómalo por ese lado y trágatelo pronto, porque tienes visita; una de ésas que nunca lo miran a uno y siempre parece que me quieren morder. ¡Líbrenme los dioses de una fiera como ésa! (Sale).

PRESO: ¡Pan y agua! ¡Agua y pan! ¿Hasta cuando? Maldigo mi ya maldita suerte.

(Entra el soldado, Martha le sigue)

SOLDADO: Venga por aquí. Ahí lo tiene, está dándose un banquete. Solo unos momentos pueden hablar. Yo volveré a buscarle. (Sale)

MARTHA: ¡Oh, Nathán! ¡Cuánto debes sufrir! Se me rompe el alma en pedazos al verte. ¡Hermano mío, si con mi vida pudiera librarte de ese sufrimiento, lo haría gustosa!

PRESO: Martha, hermana mía, no sufras, tus cuidados y cariño no merezco. He deshonrado a la familia y a nuestro pueblo.

MARTHA: Te equivocas hermano mío. Dios nos enseña a perdonar y a amar de verdad. Por eso he buscado la manera de ayudarte. Fui a vender nuestro camello, pero está tan flaca la pobre bestia, que nadie la quiso ni al menor precio.

PRESO: No te aflijas. No quiero que llores y te canses por mí, tu desgraciado hermano. Yo pago mi condena y me he resignado a vivir en estas condiciones lo que me queda de vida.

MARTHA: No, Nathán. Mi fe no vacila en que Jehová traerá la salvación y te dará la libertad. El perdón de Dios es más grande que todo el peso de tus pecados. Jehová nos ayudará, no lo dudes hermano. Mientras tanto, yo buscaré ayuda.

PRESO: Pero ¿quien te ayudará? Todos nuestros amigos han salido al empadronamiento a sus ciudades natales. Aquí en Belém solo queda nuestra familia y no querrán ayudarme.

MARTHA: De todos modos iré, que nuestra madre y yo oramos día y noche por tu libertad. Jehová nos escuchará…

(Soldado entrando)

SOLDADO: Bueno, basta ya de conversaciones, es momento de que se vaya, bastante tiempo les he dado. ¡Vamos! (Empuja con la lanza a Martha).

MARTHA: ¡Adiós, hermano mío! Ten fe en Jehová.

PRESO: ¡Adiós hermana mía! Lo haré… te lo prometo.

SOLDADO: ¡Va…va! No hablen más tonterías (salen Martha y Soldado).

PRESO: ¡Otra vez solo! ¡Ahora sí tengo frio! Hay algo en mi corazón que me dice que no debo rendirme, que lo que ha dicho mi hermana es verdad… (Se acuesta en el piso, tratando de taparse el frio lo más que puede, mientras se cierra el Telón).

TELÓN.

Cuadro II

(La escena se representa en la casa del Rabí).

MARTHA: (Con súplica) ¿No podéis hacer algo por mi afligido hermano?

RABÍ: ¿Qué puedo hacer yo Martha? Mi condición es tan triste como la tuya, hasta mi último centavo lo he dado para pagar el impuesto al imperio Romano; pero quizá podamos conseguir con otros. He mandado a buscar a Nohemí y Ana, para ver si ellas pueden ayudarnos (Nohemí y Ana tocan a la puerta). Creo que están ahí, tengamos esperanza. (Sale y al momento entra seguido de las dos mujeres). Les esperamos impacientes, ¿Han podido conseguir ayuda para esta pobre joven?

MARTHA: ¡Oh, si pudieras ayudar a mi hermano!

NOHEMÍ: Martha, no te aflijas, no hemos podido conseguir dinero alguno, pero esperemos; Jehová no te abandonará, aún nos quedan esperanzas.

ANA: Martha, he puesto en venta mi pobre casita, quizá me la compren y podremos libertar a tu hermano; estos días me parecen eternos ¡Qué aflicción y tristeza han caído sobre nuestro pueblo!

RABÍ: No desesperemos. ¿Acaso no tenemos las promesas de Jehová que Él no abandonará a Su pueblo? Con seguridad vendrá libertad y días de felicidad para Israel, y no han de tardar, estas aflicciones indican que están próximos. Están sucediendo cosas muy raras y extrañas.

NOHEMÍ: Así es, lo he notado, aparte del movimiento propio de estos días de empadronamiento con que han cargado más a nuestro pueblo; están ocurriendo cosas anormales. Yo no los he visto, pero me han dicho que han pasado por Belém magos del lejano oriente.

ANA: Yo lo supe también y los vi; dijeron que seguían una estrella, que los guiaría hasta donde ha de nacer el Rey de los Judíos.

RABÍ: Todas estas cosas nos dicen que debemos estar preparados para ver el cumplimiento de las promesas. El día de la liberación de Israel cerca.

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