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Las Ciencias Administrativas


Enviado por   •  23 de Marzo de 2015  •  8.515 Palabras (35 Páginas)  •  268 Visitas

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LA EVOLUCIÓN HUMANA:

MÁS ALLÁ DE LA PALEONTOLOGÍA

LEANDRO SEQUEIROS

lsequeiros@probesi.org

A José Antonio Martínez Paz (1928-2006),

del que aprendí que el humanismo

no está reñido con la ciencia.

Introducción

En este ciclo de conferencias del Centro Pignatelli estamos abordando aspectos de la aparente contradicción que puede encontrarse hoy, (como en tiempos de Darwin), entre EVOLUCIÓN Y CREACIÓN. Las dos conferencias anteriores han girado en torno a la problemática científica, filosófica y teológica del origen del universo y sobre la aparición del fenómeno de la vida al menos en el planeta Tierra. La conferencia de hoy pretende tocar algunos aspectos discutidos y discutibles de la evolución humana. No es mi intención presentar aquí una larga enumeración de huesos y restos que han permitido elaborar un amplio paradigma de la evolución humana.

Aunque el que les habla sea Catedrático de Paleontología (y eso imprime carácter), y tiene la tentación de quedarse solo en la descripción de tibias, cráneos y dientes fósiles está presente, me voy a mover en el campo de las ciencias de la cultura. Mi intención es

a) Mostrar algunos datos sobre el conocimiento de los procesos biológicos que llevan desde los primates a los homínidos y al Homo sapiens (lo que se suele llamar el proceso de HOMINIZACIÓN). Con problemática filosófica y teológica.

b) Ir más allá de la paleontología: ¿cómo hemos llegado a ser humanos? Es el problema al que ahora me dedico: a la Antropología filosófica: ¿cuáles son los procesos CULTURALES que dan lugar a lo que se llama “lo humano irreductible”? (Es lo que se suele llamar el proceso de HUMANIZACIÓN)

A todo esto es a lo que Teilhard de Chardin denominó la ANTROPOGÉNESIS (de lo que hablé aquí el año pasado a propósito de Teilhard)

La pregunta de fondo es: ¿cómo nos hicimos humanos?

Partimos de un hecho significativo:

El día 30 de junio de 1860 tuvo lugar en Oxford, en la sede de la Academia para el Progreso de las Ciencias, un debate que ha pasado a la historia. Los detalles entran en el campo de la leyenda. No sabemos exactamente lo que ocurrió. Pero sí hay unos elementos que pueden considerarse históricos. Allí fueron convocados los partidarios de las ideas de Charles Darwin sobre la evolución de las especies biológicas y los partidarios de las ideas tradicionales sobre la creación bíblica.

Allí estaba Thomas Henry Huxley (al que llamaban el bull-dog de Darwin por su fidelidad al maestro y la contundencia de su carácter para defender las nuevas ideas científicas). Y por parte del pensamiento religioso, el obispo anglicano Samuel Wilberforce (orador fogoso y exaltado enemigo de todas las ideas que se oponían a la lectura literal de la Biblia y en particular enemigo de las ideas evolucionistas de Darwin a quien tachaba de impío, ateo, corruptor de costumbres y degradador de la santa condición humana). En un momento del debate, el obispo Willeforce atacó directamente a Huxley: “Me gustaría saber, señor Huxley, si usted desciende del mono por vía materna o por vía paterna”. A lo que Huxley replicó: “Antes querría descender de una pareja de monos que de un hombre como usted que dedica su inteligencia a oscurecer la verdad”.

Dicen que hubo desmayos de dignas señoras victorianas e insultos entre los dignos caballeros. Según la leyenda, parece ser que alguien dijo: “si descendemos del mono, por lo menos que no se entere el pueblo”.

Todo este alboroto era el resultado de un estado de opinión muy exaltado y que había sido propiciado por las ideas de Charles Robert Darwin, un naturalista que todavía sigue siendo polémico.

El día 24 de noviembre de 1859 salió de la imprenta uno de los libros más polémicos de la historia del pensamiento científico: El Origen de las Especies por la Selección Natural. Su autor, un naturalista sin título académico: Charles Robert Darwin. Años atrás, entre 1831 y 1836 tuvo la fortuna de realizar un viaje alrededor del mundo a bordo de un viejo y estrecho navío movido por las velas de armada británica: el Beagle.

Cuando Darwin zarpó del puerto de Davenport, en los últimos días de 1831, tenía 21 años. Había estado estudiando teología en el Christ College y había sido convencido por su profesor de Botánica, Henslow, para que presentase su candidatura para figurar como naturalista en la expedición. Darwin en esa época era un anglicano devoto, que creía en la verdad de las Sagradas Escrituras, y por ello, creía en el Dios creador del libro del Génesis, en los días bíblicos de la creación, en la aparición de ser humano a partir de un pegote de barro modelado por Dios al que insufló la vida. Creía en la creación de planetas, soles y estrellas directamente por Dios. Creía en que todos los seres vivos habían sido cuidadosamente creados uno a uno por Dios a lo largo de los días bíblicos. Y creía en Adán y Eva, así como en la historicidad del Diluvio Bíblico como castigo por los pecados de la humanidad.

Pero las experiencias que durante la larga travesía le depararon, fueron poco a poco minando esas creencias. Darwin quedó fascinado por la inmensa diversidad de las especies que vivían en las selvas tropicales, así como las sustanciales diferencias con los seres vivos de Inglaterra. El contacto con los habitantes de la Tierra de Fuego, los fueguinos, le hizo dudar de la unidad de la humanidad y aventuró que eran semejantes a los monos más que a los humanos civilizados. Más adelante, en las Islas Galápagos, pudo experimentar de cerca la variedad de las faunas y floras que habían poblado esas islas volcánicas a mil kilómetros de la costa de Ecuador. ¿Cómo habían llegado hasta allí? ¿Por qué eran tan diferentes a las del continente americano? ¿Por qué en cada isla la vida tenía sus peculiaridades?

Los fósiles que fue recogiendo le convencieron del hecho de la extinción en épocas remotas de una gran cantidad de seres vivos que hoy no existían y que parecían haber sido sustituidos por otros...

Estas experiencias quiso confrontarlas con el capitán del Beagle, el capitán FitzRoy, cristiano fanático y fundamentalista que quedó espantado de las ideas que bullían en la cabeza del joven naturalista. Las discusiones fueron tan violentas que incluso amenazó a Darwin con abandonarlo en la costa y seguir sin él la travesía.

Hoy

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