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El Lumen Gentium De La Constitución Dogmática Sobre La Iglesia Del Concilio Vaticano II


Enviado por   •  23 de Noviembre de 2012  •  3.610 Palabras (15 Páginas)  •  749 Visitas

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Capítulo I: El Misterio de la Iglesia

Luego del pecado de Adán, Dios nos envió a su hijo para redimir al hombre y hacerlo una nueva criatura, para predicar la llegada del reino de Dios y sus milagros confirmaron la llegada de ese reino a la Tierra. El hijo nos revelo su misterio y luego la redención. Luego de crucificado derramó su espíritu sobre los apóstoles. Finalizada la obra del Hijo, es enviado el Espíritu Santo, el día de Pentecostés para santificar y guiar la Iglesia a la verdad, anunciar el reino de Cristo y Dios y vivir en ella y en el corazón de todos los fieles como testimonio de que somos hijos adoptivos de Dios.

La iglesia es solo una, santa, católica y apostólica, instituida para proclamar la humildad y abnegación. Ya que alberga a pecadores necesita renovarse continuamente y hacer penitencia, va anunciando la venida del Señor. En ella cumplimos los sacramentos y a través de ellos, nos unimos más a Cristo. Desde entonces, el sacrificio de la cruz se celebra en el altar, donde celebramos nuestra redención y el sacramento del pan simboliza la unión de todos sus fieles.

La Iglesia, identificada mediante símbolos como redil, cuya única puerta es Cristo, edificación de Dios, labranza donde crece el verde olivo que reconciliará a los judíos y gentiles, esposa inmaculada siendo Cristo su esposo, entre otros símbolos es el signo de unión de Cristo con la humanidad. Pretende iluminar a todos los hombres y llevar el Evangelio. Todos somos convocados a ella, siendo ésta cuerpo y Cristo cabeza, universal y manifestada por el Espíritu Santo, para luego consumarse gloriosamente al final de los tiempos.

Capítulo II: El Pueblo de Dios

Dios formó una congregación de creyentes que ven a Jesús como salvador y símbolo de unidad y paz, constituyendo a iglesia para difundirse por el mundo entero y para que bajo el Espíritu Santo se renueve hasta la venida del Señor.

El pueblo de Dios simboliza y promueve la paz universal. Dios escogió al pueblo de Israel como su pueblo para salvar a los hombres en conexión y no individualmente. Lo santificó y pactó con ellos una alianza para que éstos le sirvieran y confesaran en verdad. En el nuevo pacto pedía Dios que los judíos y gentiles se unificaran en Espíritu y constituyeran el nuevo Pueblo de Dios y como mandato tiene el de amar como Dios nos amó y agradar el reino de Dios hasta el fin de los tiempos.

El sacerdocio ministerial forma y dirige al pueblo sacerdotal, confeccionan el sacrificio eucarístico y lo ofrecen en nombre de todo el pueblo a Dios. Mientras, los fieles concurren a la ofrenda de la Eucaristía mediante los sacramentos, en oración, acción de gracias, mediante su testimonio llevando una vida santa y caritativa.

Los fieles bautizados son llamados a obrar cristianamente mediante sacrificios espirituales y a hablar de la verdad de Cristo dando su testimonio a todos. Tambien somos llamados a participar de los Sacramentos. Mediante la confirmación, nos unimos más a la iglesia y al Espíritu Santo y nos vemos obligados aun más a difundir la palabra de Cristo. Mediante la eucaristía se confirma la unidad de todos como pueblo de Dios. También somos llamados a hacer penitencia, y mediante ella, Dios nos otorga la misericordia de la ofensa cometida hacia El y nos reconciliamos con la Iglesia. La unción de los enfermos y oración a los presbíteros encomendamos a todos los enfermos al Señor para su salvación. Los del orden sagrado son llamados a apacentar la Iglesia por la palabra de Dios y los unidos en sagrado matrimonio participan proyectando la unidad u amor fecundo entre Cristo y la iglesia y deben ser los primeros predicadores de fe para sus hijos. Mediante estos sacramentos el Espíritu Santo dirige el Pueblo de Dios y distribuye dones especiales entre los fieles y estos deben poner estos dones a disposición de y servicio de otros.

Los sacramentos también nos sirven como medios de salvación, y nos llevan a la santidad perfecta. Solo son salvados los hombres que conocen la iglesia, los que están unidos a ella en cuerpo y corazón y no los que conociéndola se niegan a entrar en ella y los que son parte de ella en cuerpo pero no de corazón. Los que no conocen a Dios pero que buscan conocerlo e intentan cumplir con su voluntad y obrar mediante la conciencia también serán salvados. Todos somos llamados a ser parte del pueblo de Dios y a cumplir su voluntad.

III. Constitución Jerárquica de la Iglesia y Particularmente el Episcopado.

Cristo fundo la Iglesia con los Apóstoles, quienes fueron dirigidos por Pedro para predicar el Evangelio por el mundo y sus oyentes reciben esta acción por medio del Espíritu Santo y esta misión seguirá hasta el fin de los tiempos. Para poder cumplir con esta responsabilidad, los Apóstoles establecieron sucesores para que continuasen con la labor al ellos morir y a que ellos hicieran los mismo al momento de sus fallecimientos para mantener estructurado el ministerio. Así se constituyen los Obispos, sucesores de los Apóstoles como pastores de iglesia y son asistidos por presbíteros y diáconos.

La consagración episcopal se confiere al sacramento del orden, infundida por la imposición de la mano y por el cual ellos incorporan nuevos elegidos al Cuerpo Episcopal. Al igual que San Pedro y los Apóstoles formaron un solo Colegio Apostólico, el Romano Pontífice y los Obispos, forman los Sucesores de los Apóstoles unidos entre sí. Ningún Obispo, ni pastor tiene autoridad mayor que la del Sumo Pontífice, quien tiene potestad universal que puede ejercer libremente. Ellos si tiene suprema potestad en las cosas de la Iglesia pero no pueden actuar sin el consentimiento del Supremo Pontífice.

Los obispos son representación y principio de unidad de sus iglesias individuales que son formadas a imagen de la iglesia universal de la cual el Sumo Pontífice es principio de unidad. Cada uno ejerce su poder en su iglesia en particular y no sobre otras. Tienen la responsabilidad de promover y defender la unidad de la fe de la iglesia, instruir a los fieles en el amor de Cristo y promover toda actividad en común a la iglesia. El Sumo Pontífice en cuanto a materia de fe, doctrina y costumbres, es infalible. Expone y defiende la doctrina de la fe católica y reside en los Obispos cuando ejercen el supremo magisterio en común con el Sumo Pontífice y todo esto siempre de la mano con la Revelación. El Obispo es también quien esta a cargo de dirigir la Eucaristía donde se une la congregación por medio del pan y el vino. Administran el bautismo, la sagrada confirmación, los dispensadores de las sagradas ordenes y la penitencia y deben dar el ejemplo con su vida, y conducta.

Luego de los Obispos, los presbíteros dependen

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