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Educacion Y Epistemologia


Enviado por   •  9 de Octubre de 2013  •  2.265 Palabras (10 Páginas)  •  164 Visitas

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EDUCACIÓN Y EPISTEMOLOGÍA: PEDAGOGÍA DE LAS CIENCIAS NATURALES

Las ciencias naturales como cuerpo teórico comportan dos facetas que, aunque distintas, son y deben ser complementarias. Me refiero a sus facetas de aparato de apropiación cognitiva, y la de objeto de conservación pedagógica. A través de la primera faceta la ciencia nos permite entender el mundo que nos rodea, comprender sus fenómenos y sus regularidades. Con la segunda logramos que la ciencia conserve sus formulaciones teóricas asegurándonos que las nuevas generaciones comprendan y asimilen los descubrimientos alcanzados por sus antecesores. Esta doble faceta encuentra puntos de convergencia que este ensayo busca analizar y rescatar, apoyándose en los textos de teóricos tanto de la epistemología como de la pedagogía, como por ejemplo Bachelard y Zambrano, entre otros.

Es difícil encontrar alguna duda acerca de la relevancia que tiene para la epistemología la investigación acerca de lógica que impulsa a las investigaciones científicas. La situación que analiza la epistemología en su esquematización mas general es una que enfrenta a un sujeto cognoscente con un objeto, cognoscible en principio. Como lo dice Johannes Henssen “el dualismo de sujeto y objeto pertenece a la esencia del conocimiento” (Henssen, 2009, p.13). el objeto del que se habla puede tratarse, en el caso más general, del mundo inhóspito y misterioso que en un principio alberga al hombre. La situación pedagógica, sin embargo, involucra en contraste el encuentro de dos o más consciencias para las que media, en forma de saberes públicos, los descubrimientos propios de las ciencias. A pesar de que, por tanto, ambas situaciones describan escenarios diferentes, no es difícil encontrar paralelos entre ambas que arrojan luz sobre su propia naturaleza.

La enseñanza de las ciencias naturales, o mejor, la formación educativa en ciencias naturales, es uno de los deberes que toda sociedad moderna democrática tiene para con sus nuevas generaciones. Siendo el conocimiento científico un campo simbólico que cada vez adquiere más importancia dentro del acervo cultural occidental, la pedagogía de las ciencias naturales, más que un instrumento utilitario que se pone al servicio de los jóvenes estudiantes, es una puerta de entrada a todo un mundo de relaciones sociales mediadas por los símbolos propios de una era de la información que, como la nuestra, ha definido el conocimiento como poder y criterio de inclusión o exclusión social. Atados ineludiblemente a este campo simbólico que constituyen las ciencias naturales están los nuevos y profundos dilemas éticos que han surgido gracias al nuevo poder que ha adquirido la humanidad para transformar radicalmente su entorno y su propia naturaleza. Desde este ultimo punto de vista es aun más claro el papel de campo simbólico total que adquieren las ciencias naturales, pues vemos como su enseñanza no se reduce a la transmisión fría de hechos y metodologías, sino también de valores y construcciones éticas que aseguren el futuro de las nuevas generaciones y sus relaciones armónicas con el medio ambiente.

Es desde estos problemas que plantea su esencia, que la pedagogía sale al encuentro de la epistemología en la búsqueda de problemas y soluciones que vayan indicando el camino, al modo como una linterna produce a la vez nuevas luces y sombras. Son los obstáculos epistemológicos de los que hablaba Bachelard, los que desde ya salen al encuentro, pues, en sus palabras, “el conocimiento de lo real es una luz que proyecta siempre sombras en alguna parte” (Bachelard, 1973, p.187). Las nuevas respuestas que se brindan crean a su vez nuevas preguntas que en su avance marcan el avance mismo de la epistemología. Así pues, el entender a las ciencias naturales como un campo simbólico o conceptual de importancia socio-cultural nos fuerza un poco a abandonar la concepción positivista de la teoría pedagógica (TPP) donde “la sociedad, el conocimiento y la educación están concebidos como categorías externas al sujeto” (Zambrano, 2006, p.27). Por el contrario, encontramos en las nuevas necesidades éticas y culturales anteriormente descritas un obstáculo epistemológico que nos fuerza a concebir al sujeto (en este caso, al maestro y al educando) como entidades no solo cognoscentes, sino también sociales, simbólicas y culturales.

El que las ciencias naturales configure un campo simbólico o conceptual viene a ser confirmado por la opinión de Zambrano, en la obra antes citada:

“La educación, como consecuencia de lo anterior, es una construcción cultural de los sujetos. En la teoría pedagógica interpretativa, el conocimiento convalidado implica que la teoría afecta la práctica exponiendo a la autorreflexión el contexto teorético que define la práctica. Para ser válida una explicación interpretativa debe ser coherente: debe comprender y coordinar las intuiciones y las pruebas en un marco de referencia consistente. Es decir, debe pasar la prueba de la confirmación de los participantes. O sea, cuando los teóricos y aquellos a quienes observan los primeros están de acuerdo en que una determinada interpretación teórica de dichas acciones es “correcta” cabrá admitir que la teoría posee validez. Simplemente significa que es preciso que la explicación interpretativa pueda ser comunicada al agente y se corresponda con la versión de éste. Esto implica que la TPI no reinterprete las acciones y las experiencias de los individuos ateniéndose sólo a sus finalidades y en función de sus propios marcos conceptuales, sino que proporcione una comprensión y un conocimiento más profundo, extenso y sistematizado de la interpretación del propio agente en relación con lo que éste hace.” (Zambrano, 2006, p.27).

Hemos de entender entonces las múltiples relaciones que encarna la tarea pedagógica con fenómenos culturales y sociales de los cuales no puede ni debe desligarse. A través de la enseñanza de la ciencia, el niño y el adolescente no solo accede a un mundo de conocimientos sobre la realidad física, sino también, de algún modo, a un campo de jerarquización social que prepara su ingreso al mundo de la adultez. Valores como el cuidado del medio ambiente, la tolerancia política, religiosa, racial y de género, entre otros positivos valores democráticos, pueden ser introducidos a través de la enseñanza de conceptos aparentemente abstractos como el del método científico. Porque, al contrario de lo que una posición positivista afirmaría, el método científico no opera cono una pura lógica de la investigación, sin ninguna relación con el fenómeno psíquico y social que le rodea. En este sentido, Bachelard dirá que “un método científico es un método que busca el riesgo. Seguro de su conocimiento se arriesga en una adquisición. La duda

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